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jueves, abril 24, 2008

La papeleta


En mis tiempos universitarios se nos entregaban las calificaciones en una papeleta por cada asignatura. Una papeleta rectangular de un palmo de tamaño con nombre, apellidos y asignatura en el anverso y la calificación en el reverso. Aprobado, Notable o Sobresaliente (porque las Matrículas de Honor se negociaban, o eso decían). Se trataba de un documento meramente informativo -la calificación definitiva figuraba en las actas firmadas por catedráticos y profesores- y se solían dejar amontonadas en algunas mesas de los vestíbulos de las Facultades. Creo que conservo alguna por ahí, pero ahora me da una flojera tremenda buscarla y escanearla.

El alumno recogió su papeleta de Derecho Internacional y vio con extrañeza que le habían calificado como "Aprobado P. C.". Preguntó a los compañeros que estaban por allí, pero ninguno supo decirle qué significaba aquello de "P. C.". Se decidió a preguntarle a Ambrosio, el bedel, un hombre de edad indefinida pero superviviente, al menos, de setenta cosechas de Cariñena. Y se decidió a preguntarle porque eran las 11:45 y a las doce en punto Ambrosio dejaba de conocer al mundo tras sus continuas idas al bar de la Facultad.
Le enseñó la papeleta, el bedel se encogió de hombros y dijo:

-No sé. Será "pasar por cátedra", ¿o qué?

Claro, pasar por cátedra. Seguramente para sugerir algún ejercicio complementario al examen con objeto de subir nota. Claro, eso era.

Llamó a la puerta del despacho del Profesor titular de la asignatura, le saludó, mostró la papeleta y dijo:

-Que como dice aquí "pasar por cátedra", pues éso, que aquí estoy.

El profesor se ajustó los lentes, miró alternativamente la papeleta y al alumno -con idéntico desprecio por una y por otro- y masculló con sorna:

-Pasar por cátedra... pasar por cátedra... ¡Aprobao Por Caridad! Que hizo usted un examen que daba pampurrias. Y, hale, vaya a tomar el sol o a poner un cirio a la Virgen, que tengo que terminar las actas para irme de vacaciones.

Y cerró la puerta mientras el alumno procuraba cerrar los ojos que se le habían quedado abiertos como platos.

lunes, febrero 11, 2008

San Valentín


No se ponen de acuerdo las leyendas a la hora de adjudicarle una causa histórica a la actual celebración del día de los enamorados. Hay quienes afirman que su origen nace en los países nórdicos puesto que, por estas fechas, los pájaros buscan el apareamiento y había que buscar una fecha para festejar los enamoramientos de pájaros y humanos eligiendo el santo que caía más a mano. Otros aseguran que el santo Valentín -a la sazón obispo de Interamna Nahartium (hoyTerni, en la Umbría italiana)- casaba parejas en secreto pues el emperador Marco Aurelio Flavio había prohibido el matrimonio de sus soldados afirmando que los casados eran malos guerreros. En resumen, que no se sabe casi nada de la razón por la cual el 14 de febrero, día que destina el santoral de la Iglesia Católica para San Valentín, se celebre el Día de los enamorados. Como lo del apareamiento de las avecillas es atrozmente bucólico el que suscribe prefiere chafardear sobre el santo.
Pero si poco se sabe del patrón de los enamorados, todavía hay mayor desconocimiento sobre dónde reposan los huesos del santo Valentín. Y es que con sus presuntos huesos se podrían reconstruir tres santos por lo menos. A no ser que el obispo casamentero tuviera un esqueleto formado por 745 huesos.
En Italia aseguran tener al santo en Roma, Terni, Turín y en Belvedere Marittimo. Y como los españoles somos como somos, también tenemos huesecillos de san Valentín. En la Iglesia de san Antón, en Madrid, se guardan dos fémures y la calavera, ya que fueron un regalo de Roma a los reyes de España en el siglo XVIII. Y en los archivos de la catedral de Almería existen unos documentos que afirman que el cuerpo de un mártir llamado San Valentín, cuya fiesta se celebraba el 14 de febrero, fue trasladado desde el cementerio de San Ciríaco, en Roma, hasta Almería. Los huesos se guardaron primero en una urna bajo el altar y, luego, en un armario. Muchos años después, al salir del armario, nadie se acordaba de quién era y lo sacaron como difunto de a pie para enterrarlo con el resto de muertecitos del osario común del cementerio de la catedral. Cuando cayeron en la cuenta de que habían inhumado al santo era tarde porque la mezcolanza ósea había sido inevitable. Y allí debe seguir, en el jardín de la catedral, tan ricamente.
En Terni se organizan grandes y emotivas celebraciones de enamorados en la iglesia donde reposan las reliquias de san Valentín. En la iglesia de san Antón de Madrid, que es la misma en la que se bendicen los animalicos cada 17 de enero (miren, al final nos ha surgido una relación con el apareamiento pajaril) los enamorados no van a visitar los fémures de Valentín. Mola más ir al CorteInglé a comprar chorradicas.

domingo, febrero 03, 2008

Etimologías

Cuentan que aconteció en un examen oral de Derecho Canónico (Segundo curso del plan antiguo) de la Facultad de Derecho de mi pueblo. El catedrático examinaba a un alumno sobre los requisitos indispensables para la consumación del matrimonio, que son, a saber: 1) Erectio membri virilis. 2) Penetratio membri virilis ad vaginam mulieris. 3) Ejaculatio. No lo traduzco porque está suficientemente claro.

PROFESOR.- Señor Tal, dígame el segundo requisito necesario para la consumación del matrimonio.
ALUMNO.- El requisito segundo para la consumación del matrimonio es "penetratio membri virilis in vaginam mulieris", vagina, que viene de vaina, que era donde metían los romanos la espada.
PROFESOR (ligeramente molesto).- Bueno, bueno. Dígame ahora en qué consiste la figura del "padre putativo".
ALUMNO.- Pues como su propio nombre indica...
PROFESOR (interrumpiéndole espantado).- ¡¡Déjese!! ¡¡Déjese de etimologías!!


Este sucedido me ha venido a las mientes porque la semana pasada, en una de nuestras tertulias, divagábamos Turulato y el abajo firmante sobre el Paráclito. Y para conocer sobre su etimología recurrimos a una contertulia (y sin embargo, amiga) erudita en lenguas muertas. "Paráclito... -dijo- "Para" significa "junto a"... Paráclito, mmm, "junto al clito". Silencio espeso como un bloque de mantequilla soriana. Y carcajada colectiva.
Terminamos cantando a coro La chica del 17. Que nos gustan los cuplés.

martes, abril 24, 2007

Leyendas urbanas (V)

Como ciertos me contaron los sucedidos que, a continuación, relato y la fuente es de fiar. Yo, no había nacido, así que difícilmente puedo dar constancia de los hechos.
El profesor G., insigne catedrático de Derecho Penal, hace un examen oral a la señorita L. F. (que con el tiempo se convertiría en reputada feminista y abogada y posee un doctorado honoris causa por una universidad norteamericana), quien afirma con rotundidad que la alevosía es un atenuante. El profesor G. le pregunta con una agradable sonrisa:
-Señorita, ¿puedo hacerle dos preguntas que no tienen relación directa con el programa?
-Sí, claro -balbucea sorprendida la examinanda.
-¿Sabría decirme usted, aproximadamente, cuántos artículos tiene el Código Penal de Gran Bretaña?
La señorita sonríe ampliamente y responde con absoluta seguridad:
-257.
-¿Y sabría decirme en qué estilo de cama murió Luis XVI?
-Supongo que en una cama de estilo Luis XV -respondió la alumna sonriendo nuevamente.
El profesor G. la miró condescendiente, sonrió levemente y le dijo:
-Verá, señorita. La alevosía es un agravante, en Gran Bretaña no existe Código Penal y Luis XVI murió en la guillotina. Usted comprenderá que no la apruebe, ¿verdad?

En el aula magna de la Facultad de Derecho imparte su clase el profesor M., catedrático de Derecho Civil, persona agradable y famosa por su lenguaje florido. De repente, sobreviene un apagón y queda el aula en semi penumbra. Al momento, se abre la puerta y asoma la cabeza el bedel, a quien el catedrático se dirige en los siguientes términos:
-Ínclito bedel, ¿podría indicarnos la causa de esta súbita cesación del fluído eléctrico?
El bedel se encoge de hombros y responde:
-Ah, no sé. Yo es que venía a decirle que se han jodido los plomos.

lunes, enero 23, 2006

Leyenda de la leona

Cuentan que sucedió en un colegio de curas hace muchos años. Dicho colegio tenía un museo de historia natural de considerable valor, sobre todo entomológico, pues contaba con ejemplares de insectos raros y casi únicos. Todo ello gracias a las aportaciones del padre Longinos Navás -entomólogo famoso del primer cuarto del siglo veinte- que al marchar a misiones por los lugares más recónditos del mundo, además de evangelizar a los indígenas, tenía a bien recoger todo bicho viviente y enviarlo al colegio como material de estudio (convenientemente disecado). Urgía encargos a sus hermanos de orden para que hicieran lo mismo, y así se consiguió tan importante acervo museístico. Los taxidermistas debieron forrarse.En un largo pasillo, tras unas enormes cristaleras, se apiñaban de forma abigarrada tortugas, anacondas, pájaros de todas las especies, desde nobles águilas a humildes gorriones, zorros, hurones y cantidades ingentes de cajitas con insectos. Bueno, en algún caso lo de "cajita" es un eufemismo, pues había moscardas del tamaño de un Seat 600, y arañas como baúles. Pues a pesar de contar con tal vastedad entomológica, la verdadera estrella del museo del colegio era una leona. Una simpática leona de abiertas y terroríficas fauces que conservaba intacto entre los ojos el orificio del disparo que terminó con su vida. Los alumnos más pequeños del colegio, llegaban -como si de una aventura se tratase- hasta la segunda planta del edificio del colegio (un edificio con más de cien años en sus cimientos, de techos altísimos, largos corredores, amplias escalinatas y un sinfín de recovecos) para ver a "la leona". Pues bien, y ahora llega la leyenda, una mañana, cuando todos los alumnos de todos los cursos estaban en sus aulas correspondientes, se escucharon unos tremendos y angustiosos gritos. Provenían de los baños de 3º de Bachillerato y los profería el señor Gómez (alias "el mol") profesor de química. Las fuerzas vivas (es decir, los curas y demás profesores, amén de los chavales cotillas y escurridizos que se metían en todas partes) se personaron inmediatamente en el lugar de los gritos y descubrieron al señor Gómez (a) "el mol", con la bragueta abierta y señalando horrorizado a la leona del museo que le miraba amenazadora junto a un urinario. Excuso decir que la rechifla fue colosal. Los curas iniciaron sus averiguaciones para esclarecer el hecho de que la leona fuese sacada del museo con tan gamberriles propósitos como fueron acoquinar al señor Gómez (a) "el mol" cuando el hombre sufrió un apretón urinario a los que era proclive. Las pesquisas no obtuvieron recompensa, pues nunca se supo qué, quién, o quiénes, habían sido los culpables, por lo que comenzó a extenderse la leyenda de que la leona salía de paseo alguna que otra vez. Hoy día, el museo Longinos Navás puede visitarse (con su leona del disparo entre los ojos, incluída) en el edificio del Paraninfo de la Universidad, en una plaza muy céntrica de Zaragoza, a escasos metros de donde estaba el colegio, ya derruído y cuyo espacio ocupa ahora un enorme edificio de una entidad bancaria.Hoy día, puesto que la tropelía ha prescrito, me declaro públicamente culpable del traslado de la leona del museo hasta los aseos de 3º de Bachillerato junto a otros dos compañeros. Los tres, alumnos entonces de 3º, no tuvimos intención de asustar al señor Gómez (a) "el mol", sino al primero que llegara (aunque como el mol era un poco cabroncete, que se fastidie) porque, os aseguro que llegar meándote al baño y toparte con una leona que te mira con las fauces abiertas, acojona un montón.

miércoles, diciembre 14, 2005

Leyenda del centinela



Hace bastantes años, cuando los cuarteles militares aún estaban en el centro de las ciudades, los soldados que hacían guardia a sus puertas rivalizaban con los obreros en piropear a las señoras y señoritas que pasaran por delante de ellos.
Me contaron como cierto que uno de estos centinelas, al pasar ante la puerta principal del cuartel una agraciada joven le dirigió la siguiente expresión: "Ábrete de piernas, negra, que te voy a meter el plátano". La joven quedó estupefacta ante aquella frase, pero su estupefacción dejó paso a un enfado monumental. No fue lo malo para el soldadico que la joven reaccionara airadamente, sino que fuese la hija del coronel del acuartelamiento. En su iracundia, la señorita acudió con el chivatazo a su señor padre, quien reaccionó todavía más coléricamente que su hija, puso bajo arresto al soldado y le quiso llevar ante un consejo de guerra.
Por suerte para el lenguaraz centinela, el fiscal togado encargado de instruir la causa, no vio motivo suficiente para formarle un consejo de guerra y la cosa quedó en quince días de calabozo, según decían los considerandos de la sentencia "por lenguaje soez y tabernario, impropio de un soldado del Ejército español, otrosí que la expresión "Ábrete de piernas, negra, que te voy a meter el plátano", es inadecuada e inexacta, ya que no es preciso adoptar la referida postura para ingerir el susodicho fruto". (sic)

jueves, diciembre 08, 2005

Leyenda del examinando

Me contaron como cierto que M. era un estudiante de Derecho relativamente aplicado pero al que se le había atragantado la asignatura de Derecho Procesal de 4º curso. Y tamaño debió ser el atragantamiento toda vez que era la única asignatura que le quedaba pendiente para terminar la carrera. Comprobado que en la Facultad de Derecho de su ciudad no sería capaz de aprobar, decidió matricularse en la Facultad de otra ciudad con fama de "coladero". Y allí que se encaminó M. un buen día, con la asignatura más o menos dominada. Como pertenecía a familia de posibles, se alojó en un hotel céntrico y, tras asearse y deshacer el equipaje, salió a darse una vuelta. Al regresar a media tarde y dispuesto a repasar los temas para el examen del día siguiente, comprobó que su hotel colindaba con el Casino Principal de la ciudad y decidió entrar a tomar un café. Había señores de mediana y avanzada edad distribuídos por las mesas y butacones, jugando a las cartas, leyendo o charlando. M. disolvía parsimoniosamente el azucarillo en el café cuando uno de aquellos señores se dirigió a él invitándole a jugar al tute puesto que un habitual había enfermado y se encontraban compuestos y sin jugador. M. pensó que aquello le serviría de distracción y allá que se lanzó a la vorágine del tute. Lo estaban pasando fenomenalmente bien, así que cuando M. dijo que se debía marchar, sus compañeros de timba protestaron e iniciaron toda una suerte de halagos para que continuara. M. agradecía aquella muestra de afecto, pero les explicó que había viajado para examinarse de la última asignatura de su carrera, y el examen era la mañana siguiente y él debía repasar. Le preguntaron de qué se examinaba y contestó que de Derecho procesal. Ante su estupor, los tres jugadores comenzaron a reír ruidosamente y a darle palmadas en el hombro. Las risas continuaron hasta que uno de ellos le dijo, ya más serio, que él era el catedrático de Procesal.
- ¿Usted es don R. G. O.? -preguntó estupefacto M.
- Claro, hijo mío. De ahí nuestra hilaridad. Mire, amigo mío, dígame cuál es el tema que mejor lleva usted para el examen de mañana.
- Pues... las medidas cautelares lo llevo muy bien.
- Ya está. Usted se queda jugando con nosotros.
- ¿Cómo?- Está muy claro. Cuando mañana le toque su turno para el examen y saque la bola con el tema a desarrollar, sea cual sea la bola, usted expone "las medidas cautelares". Como yo estoy sobre aviso, le examino del tema que usted lleva mejor.
- Pero, ¿seguro?
- Desde luego que sí.
- No se le vaya a olvidar y mañana haga yo un ridículo espantoso.
- Descuide, ¿cómo se me iba a olvidar?
Y de ese modo, continuaron la partida hasta altas horas de la noche, en medio de risas, bromas, una apetecible cena bien servida y mejor regada.
A la mañana siguiente, M. se encaminó con cierta resaca combatida por abundantes dosis de cafeína hacia la facultad de Derecho. Entró en el aula donde los alumnos se examinaban oralmente y en centro de la mesa del tribunal, descubrió a don R. G. O. muy serio y con menos síntomas de resaca que él mismo.
Al llegar su turno, M. extrajo la bolita que rezaba: "Tema 26. Recursos y reposiciones", sonrió al catedrático, que ignoró su sonrisa, y comenzó a desarrollar "las medidas cautelares". El catedrático le interrumpió.
- Su tema es el 26. Y Usted me está desarrollando el 18.
M. sonrió cómplice, se disculpó y volvió a la carga con el tema 18.
- Perdone usted, pero me sigue desarrollando el tema 18.
M. empezó a ponerse nervioso.
- Disculpe señor G. O., pero en mi temario el tema 26 es "Medidas cautelares".
- ¿Pues en qué temario ha estudiado usted?
- ¡¡ En el de Heraclio Fournier!!
El catedrático le miró sorprendido y vio al joven que había compartido su timba la noche anterior. Esbozó una leve sonrisa.
- Ah, entonces va usted muy bien.
Y así resultó cómo el examinando obtuvo un sobresaliente en la última asignatura de su carrera.

miércoles, noviembre 30, 2005

Leyenda del corredor

Uno no sabe muy a ciencia cierta a qué se le puede atribuir exactamente el calificativo de leyenda urbana (hay un artículo que lo explica exhaustivamente), pero voy a relatar un sucedido que -cierto o mítico- tiene gracia.
Cuando aún existían los gobiernos civiles en las capitales de provincia (parece la prehistoria, o lo es...) un gobernador civil envió a un propio a un pueblecito de la provincia para intentar atemperar los ánimos de los vecinos, que andaban un tanto soliviantados, contra una ordenanza dictada para el pueblo por dicho gobernador en un asunto de riegos. Era de imaginar la mala leche que gastaba el pueblo hacia el jerarca, razón de peso para que éste no acudiera personalmente y enviara un emisario. Pues bien, el propio llegó al pueblo, le recibieron a cantazos y se dedicaron a perseguirle hasta que pudo refugiarse en el cuartelillo de la Benemérita donde puso una denuncia contra los energúmenos en uno de cuyos párrafos decía: "A la voz de, "vamos a endiñarle", empezaron a encorrerme, cagándose además en la puta madre de su Excelencia y en la de quien ésto suscribe, que lo puede suscribir porque corrió más que ellos".