jueves, marzo 27, 2008

Borrador

La muchacha se sentó en un rincón mirando como tantas veces, todos los días, la reja de cristal que la circundaba. Imaginaba que todo lo vivido no era más que un borrador, algo que podría ser transformado en cualquier momento.
Sus ojos escrutaban el pasado imaginando la forma de mudarlo, convirtiéndolo en un pasado nuevo, una vida nueva ya vivida.
A través de la reja de cristal veía qué habría pasado si hubiese tomado una decisión diferente a la que tomó, si hubiese hecho el gesto que no hizo. Veía los borradores de su pasado.
Pensó vivir de nuevo lo que había vivido, ¿pero, como un borrador de su vida?
La reja de cristal estaba a punto de quebrarse.

sábado, marzo 22, 2008

Primavera

Dejemos que la Primavera nos bese en los labios

jueves, marzo 20, 2008

Don Guido

Gran pagano,
se hizo hermano
de una santa cofradía;
y el Jueves Santo salía,
llevando un cirio en la mano
—¡aquel trueno!—,
vestido de nazareno.

Antonio Machado. Llanto de las virtudes y coplas por la muerte de don Guido (fragmento).

jueves, marzo 13, 2008

Una conferencia

A don Jacinto Benavente le pidieron que diera una conferencia para el Club Femenino de Damas.
-¿Y de quién se compondrá el auditorio? -preguntó el premio Nobel.
-De las socias del club: muchachas que estudian, escritoras, señoritas que quieren vivir una vida independiente...
Respondió don Jacinto:
-Muchas gracias, pero tengo poco tiempo para prepararme, y no quiero hablar a tontas y a locas.

lunes, marzo 10, 2008

¿Qué es poesía?

La semana pasada, en una de nuestras habituales tertulias, hablábamos de poesía. Turulato dijo que no sabía escribir poesía, pero Currinche y el que suscribe le refutamos de inmediato, lógicamente. Argüía nuestro amigo que no escribía versos rimados. Puede ser. Pero él regala poesía en sus escritos. En su más reciente artículo la ha esparcido con rotundidad, como en todos los demás.
Cuando cae en nuestras manos un libro de poemas, mientras paseamos la mirada por entre los versos, nuestra imaginación y nuestra memoria comienzan a aletear iniciando un vuelo que quiere llevarnos a momentos pasados o a situaciones soñadas. La poesía tiene, de este modo, la posibili­dad impagable de engarzar sentimientos y sensaciones de las que somos -o hemos sido- protagonistas reales u oníricos, identifi­carnos con hechos o personajes y, en fin, hacernos vibrar, estremecer y vivir. El bueno de mi amigo Antonio me confiaba una noche tras una representación que no podía pasar un día entero sin haber leído aunque fuera un pellizco de poesía porque -de no hacerlo- sentiría que le faltaba algo profundo y vital para él.
Pero la poesía no late exclusivamente entre los versos de un libro de poemas. En cualquier párrafo de una novela, en un diálogo teatral, en una secuencia cinematográ­fica, en la fotogra­fía de un periódico, en la pincelada de un cuadro, o en el paisaje más conocido y cotidiano, puede esconderse la poesía. ¿Cuántas veces no habremos escuchado una melodía, o una canción, que nos transportan a ese mundo de ensueño que encubre a la poesía? Poesía que huye de palabras grandilocuentes y gestos solem­nes. Poesía de las cosas más pequeñas, ésas que habitualmen­te pasan desapercibi­das a nuestros sentidos precisamente por fami­liares. Cuando el desencanto y el hastío nos han conducido a ese camino que nos deja desprovistos de la capacidad de sorpresa, tantas y tantas sensaciones se vuelven invisibles a nuestros ojos... Y entonces advertimos que nosotros nos hemos vuelto insensi­bles a las sensaciones y a los sentimientos.
¿Qué es poesía? La mirada de Bárbara, las palabras de Turulato, el guiño cómplice de Kalía, la risa de Currinche y la letra de la canción compuesta por Emilio.
¿Qué es poesía? Quizá sea mirar con el sentimiento más profundo las sensaciones acurrucadas en los corazones que son capaces de abrir los ojos a aquellas pequeñas cosas que nos rodean casi impercep­tiblemente y que son las que hacen brotar la vida.

jueves, marzo 06, 2008

En-Sueño

Pienso que estoy en tu pensamiento, que piensas que te pienso. Y pienso si pudiera abrazarte la espalda, perderme en tus dedos, escalar el claustro de tu pecho, besarte el espíritu, mecerme en tu pelo, navegar en tus ojos, anidar en tu cintura...
Pensamiento... Pensamiento. Duerme en mi.

martes, febrero 26, 2008

Una vida de novela

Estaba sentado a la mesa de un café intentando enhebrar cuatro frases que se pudieran convertir en un relato cuando el camarero -después de haber mirado por encima de mi hombro lo que hacía- me espetó muy convencido: "Si yo le contara mi vida, seguro que de ahí sacaba usted una novela". Asentí con un gesto. Y concluí que toda existencia es susceptible de verse plasmada en una narración, libro de poemas o ensayo filosófico. Porque si miramos en derredor nuestro siempre hallaremos algo digno de mención en la vida de cualquier semejante y que nos sea de utilidad para nuestras empresas literarias.
Todos tenemos alguna cosa importante que contar, aunque solamente sea porque somos piezas inevitables del complejo engranaje que es el mundo. Lo que sucede es que no todos somos capaces de contar nuestras experiencias vitales con la misma vehemencia o el mismo interés. Hay quien va al bar de la esquina y luego lo cuenta como si hubiera ido a la guerra del Líbano; y, sin embargo, hay otro que acaba de llegar de la guerra del Líbano y al contarlo parece que hubiese ido al bar de la esquina.
También hay personas con una imaginación muy frondosa que llegan a ser capaces de "inventarse" la vida de cualquier hijo de vecino simplemente por hacer tiempo mientras esperan en una cafetería o en la consulta del médico; y les divierte horrores, al mirar a una persona, imaginarse su trabajo, su familia, sus aficiones y hasta su forma de ser. Entonces recordé...
Caminaba hacia casa cuando vi a una mujer joven, de pelo rubio y aspecto frágil besar un sobre justo antes de introducirlo en un buzón de correos. Me fijé tanto en el hecho que no reparé en la persona. No sabría decir qué edad, siquiera aproximada, tenía. No sé si llevaba el pelo largo o corto, ni cómo iba vestida; solamente pude advertir que era rubia y su aspecto se me antojó frágil, nada más. Pero sí quedó grabado en mi retina el beso que dio al sobre antes de ponerlo en el buzón. ¿Se trataba de una carta de amor? ¿Se despediría para siempre de la persona amada o le estaría pidiendo que volviese junto a ella? ¿Estaría zanjando una disputa por celos o demandaría explicaciones por alguna ausencia que consideraba injustificada? ¿Sería una misiva destinada a un familiar cercano deseándole la recuperación pronta de una enfermedad o la felicitación por algún acontecimiento? También imaginé que pudiera tratarse de una carta solicitando un trabajo muy necesario, o el envío de un curriculum. Quizás una carta de pésame, o la participación para un concurso millonario, o quizás... Las posibilidades se antojaban infinitas.
No sentí curiosidad por el contenido de aquel sobre sino por la cantidad de alternativas que se le presentaban a mi imaginación, los anhelos, los deseos, las frustraciones, las alegrías o las tristezas que podían latir en el interior de aquel sobre que unos labios acababan de sellar con un beso. Cualquiera de las posibilidades era susceptible de ser utilizada para poner la primera letra de una novela. Acaso también para descubrir toda una vida, una vida de novela.

viernes, febrero 22, 2008

Relámpago


Fulgor de unos ojos que cada noche se derraman como una lluvia de estrellas, estremeciendo el sentido anhelante de una piel que llama, con voz anochecida, suplicando el roce incandescente de los labios amados, amantes, posesivamente ajenos.

lunes, febrero 11, 2008

San Valentín


No se ponen de acuerdo las leyendas a la hora de adjudicarle una causa histórica a la actual celebración del día de los enamorados. Hay quienes afirman que su origen nace en los países nórdicos puesto que, por estas fechas, los pájaros buscan el apareamiento y había que buscar una fecha para festejar los enamoramientos de pájaros y humanos eligiendo el santo que caía más a mano. Otros aseguran que el santo Valentín -a la sazón obispo de Interamna Nahartium (hoyTerni, en la Umbría italiana)- casaba parejas en secreto pues el emperador Marco Aurelio Flavio había prohibido el matrimonio de sus soldados afirmando que los casados eran malos guerreros. En resumen, que no se sabe casi nada de la razón por la cual el 14 de febrero, día que destina el santoral de la Iglesia Católica para San Valentín, se celebre el Día de los enamorados. Como lo del apareamiento de las avecillas es atrozmente bucólico el que suscribe prefiere chafardear sobre el santo.
Pero si poco se sabe del patrón de los enamorados, todavía hay mayor desconocimiento sobre dónde reposan los huesos del santo Valentín. Y es que con sus presuntos huesos se podrían reconstruir tres santos por lo menos. A no ser que el obispo casamentero tuviera un esqueleto formado por 745 huesos.
En Italia aseguran tener al santo en Roma, Terni, Turín y en Belvedere Marittimo. Y como los españoles somos como somos, también tenemos huesecillos de san Valentín. En la Iglesia de san Antón, en Madrid, se guardan dos fémures y la calavera, ya que fueron un regalo de Roma a los reyes de España en el siglo XVIII. Y en los archivos de la catedral de Almería existen unos documentos que afirman que el cuerpo de un mártir llamado San Valentín, cuya fiesta se celebraba el 14 de febrero, fue trasladado desde el cementerio de San Ciríaco, en Roma, hasta Almería. Los huesos se guardaron primero en una urna bajo el altar y, luego, en un armario. Muchos años después, al salir del armario, nadie se acordaba de quién era y lo sacaron como difunto de a pie para enterrarlo con el resto de muertecitos del osario común del cementerio de la catedral. Cuando cayeron en la cuenta de que habían inhumado al santo era tarde porque la mezcolanza ósea había sido inevitable. Y allí debe seguir, en el jardín de la catedral, tan ricamente.
En Terni se organizan grandes y emotivas celebraciones de enamorados en la iglesia donde reposan las reliquias de san Valentín. En la iglesia de san Antón de Madrid, que es la misma en la que se bendicen los animalicos cada 17 de enero (miren, al final nos ha surgido una relación con el apareamiento pajaril) los enamorados no van a visitar los fémures de Valentín. Mola más ir al CorteInglé a comprar chorradicas.

El premio

Mi pobre Yorick, asoma tu brillante calavera a este sol cohibido de febrero. En la sencillez de tu existencia, desde las vacías cuencas de tus ojos estarás mirando, sorprendido, cómo han vuelto a olvidarse de ti. Te han tenido en sus manos hace tiempo, Yorick, y te han abandonado. Muchos de ellos, incluso los que soñaron con mirarte frente a frente, cambian su camino para no volver a encontrarse contigo. Les asusta tu sencillez. Y es más cómodo pensar que no te tuvieron en su mano cuando eran capaces de soñar. No eres rentable, mi pobre Yorick. No debes extrañarte de que tampoco ahora te hayan concedido el premio de la academia. No es comercial decir que te lloraron. Es más encantador y vistoso hablar de obispos y diputados. Resígnate, mi pobre Yorick, pues nunca conseguirás el premio porque eres demasiado discreto, demasiado sencillo y demasiado puro para obtener una subvención.

domingo, febrero 03, 2008

Etimologías

Cuentan que aconteció en un examen oral de Derecho Canónico (Segundo curso del plan antiguo) de la Facultad de Derecho de mi pueblo. El catedrático examinaba a un alumno sobre los requisitos indispensables para la consumación del matrimonio, que son, a saber: 1) Erectio membri virilis. 2) Penetratio membri virilis ad vaginam mulieris. 3) Ejaculatio. No lo traduzco porque está suficientemente claro.

PROFESOR.- Señor Tal, dígame el segundo requisito necesario para la consumación del matrimonio.
ALUMNO.- El requisito segundo para la consumación del matrimonio es "penetratio membri virilis in vaginam mulieris", vagina, que viene de vaina, que era donde metían los romanos la espada.
PROFESOR (ligeramente molesto).- Bueno, bueno. Dígame ahora en qué consiste la figura del "padre putativo".
ALUMNO.- Pues como su propio nombre indica...
PROFESOR (interrumpiéndole espantado).- ¡¡Déjese!! ¡¡Déjese de etimologías!!


Este sucedido me ha venido a las mientes porque la semana pasada, en una de nuestras tertulias, divagábamos Turulato y el abajo firmante sobre el Paráclito. Y para conocer sobre su etimología recurrimos a una contertulia (y sin embargo, amiga) erudita en lenguas muertas. "Paráclito... -dijo- "Para" significa "junto a"... Paráclito, mmm, "junto al clito". Silencio espeso como un bloque de mantequilla soriana. Y carcajada colectiva.
Terminamos cantando a coro La chica del 17. Que nos gustan los cuplés.

jueves, enero 31, 2008

Miedo


El niño se movía inquieto en medio del bullicio de las bambalinas. Iba a hacer de pastorcillo en El rabo del Diablo, adaptación de una pieza navideña de Alejandro Casona titulada A Belén, pastores. A pesar de ser niño tenía "frase": "¡Mirad, pastores! ¡La estrella!". No era el monólogo de Segismundo pero a él le parecía muy importante. Entre bastidores repetía aquellas cuatro palabras en su mente con la persistencia de una remachadora, temiendo que se le olvidaran. ¿Pero cómo se le iban a olvidar cuatro palabrejas? Mirad-pastores-la-estrella... Es prácticamente imposible olvidarlas. Los personajes adultos iban y venían de los camerinos, más preocupados por el vestuario que por el texto y, en medio de aquel tráfago, tres niños (uno de ellos con derecho a frase en la obra) vestidos con unas zamarras de piel de borrego sin mangas y tocados con gorritos espantables, permanecían en el silencio nada propio de un niño. Estaban nerviosos y tenían miedo. El niño no sabía qué temían los otros dos, pero él temía olvidarse de su frase. No era miedo a salir a escena, ni al público, ni a los "compañeros" del elenco, ni siquiera a que se cayera una tramoya del decorado sobre sus cabezas. Sólo un invisible y terco miedo a no saber cumplir con su obligación, que en aquel momento era decir a los pastores que había una estrella.
Hace unos días comentaba con mi amigo Turu la recurrente pesadilla que nos situaba dentro de los muros venerables y centenarios del colegio, en clase de matemáticas a punto de ser preguntados por el profesor. Niños asustados ante la posibilidad de ser pillados en renuncio ante unas preguntas cuyas respuestas, obviamente, ignorábamos. Y Turu, con su proverbial socarronería, decía: "Con lo fácil que hubiera resultado ir con la lección aprendida, nos obstinamos en ir a clase a pasar miedo".
Se define al miedo como una emoción. Biológicamente el miedo construye un mecanismo de supervivencia y de defensa que permite al individuo responder ante situaciones adversas con rapidez y eficacia. Así leído hasta se puede llegar a desear tener miedo, pues se responderá con eficacia y rapidez, pero... ¡qué mal se pasa, caramba!

Y el actor tiene miedo antes de salir a escena, es un explorador del vacío que se extiende más allá de la batería, donde los focos ciegan y no permiten ver a quién se enfrenta. No. Se enfrenta a sí mismo, a su propio vacío, a su propia indefinición. La palabra es su única aliada y su memoria el recurso.
La vida, a diferencia del teatro, no tiene libreto escrito, y hay que rastrear -con miedo- el abismo que se desconoce. No sirven los recuerdos, y la experiencia se lleva cargada a la espalda. Hay que indagar qué hay fuera de aquí, más allá de nuestros límites. Y tenemos miedo.

-¿Adónde cabalgas, señor?
-No lo sé; fuera de aquí. Siempre fuera de aquí, sólo así podré llegar a mi meta.
(Franz Kafka. La partida).

Y tenemos miedo.

martes, enero 29, 2008

La Justicia de Almudévar

Cuenta Braulio Foz en su magnífica Vida de Pedro Saputo, lo que aconteció en el municipio oscense de Almudévar. El herrero del pueblo, un hombre muy estrafalario y de malas chanzas, un día se enfureció contra su mujer porque le llevó el almuerzo frío; y tomando un hierro que estaba caldeando en la fragua se lo metió por la boca hasta la garganta, matando a la infeliz, una pobre mujer que pasaba un verdadero calvario con aquel energúmeno que la golpeaba, obligaba a dormir desnuda en el suelo, le tiraba la comida a la cara y vaya usted a imaginar cuántas barbaridades más.
Le prendieron inmediatamente y "puesto en la cárcel con muchas cadenas al cuello y cepos a los pies", le juzgaron aquel mismo día condenándole a morir ahorcado.
Levantado el cadalso, todo el pueblo estaba en la plaza aguardando la ejecución; ya sacaban al herrero y le llevaban al patíbulo, cuando subiendo uno del pueblo a caballo encima de los hombros de otro, dijo en dialecto altoaragonés:
"¿Qué is a fer, hijos de Almudévar? ¿Conque enforcaréis a o ferrero que sólo tenemos uno? Y ¿qué faremos después sin ferrero? ¿Quién nos luciará as rellas? ¿Quién ferrará as nuestras mulas? Mirad lo que m'ocurre. En vez de enforcar a o ferrero que nos fará después muita falta, porque ye solo, enforquemos un teisidor que en tenemos siete en o lugar, e por uno menos o más no hemos d'ir sin camisa".
(¿Qué vais a hacer, hijos de Almudévar? ¿Ahorcaréis al herrero que sólo tenemos uno? ¿Qué haremos después sin herrero? ¿Quién nos afilará las rejas (de los arados)? ¿Quién herrará nuestras mulas? Mirad lo que se me ocurre. En lugar de ahorcar al herrero, que nos hará después mucha falta, porque está solo, ahorquemos a un tejedor (sastre) que tenemos siete en el lugar, y por uno más o menos no habremos de ir sin camisa).
"¡Tiene razón, tiene razón! -gritaron todos- ¡Enforcar un teisidor, un teisidor!". Y sin encomendarse a nadie, agarraron al primer tejedor que se toparon por allí, lo suben a la horca y lo despachan sin remilgo ni miramiento, poniendo en libertad al herrero.
De donde viene el dicho: la Justicia de Almudévar.

jueves, enero 24, 2008

Sonidos



La niebla parece dormida, y entre dos suspiros suena la música de tu piel. Desvanece mi frío con tu mirada, los ojos sobre una sonrisa. Puntos suspensivos de tu líquido beso.

martes, enero 22, 2008

Metamorfosis (tu regalo)



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Luis Gonzaga Urbina
(México, 1864 - Madrid, 1934)

viernes, enero 18, 2008

Mademoiselle Clairon




La Clairon -Claire Josephine Hippolyte Leiris de Latude- fue célebre actriz y diva de primera magnitud en la Comèdie Française a mediados del siglo XVIII. Tenía merecida fama de mujer galante por su hermosura, su trato y su irresistible atractivo sexual. Paseaba un atardecer por las más céntricas vías de París en compañía de una de sus más dilectas amigas cuando, al pasar por la calle de Saint-Honoré, se le acercó un ciego que, ayudado por su lazarillo, imploraba la caridad.
El inválido, refiriéndose a la inmensa desgracia de la falta de visión, dijo:
-¡Tened piedad, hermosas señoras, de un desventurado que ha perdido la alegría de este mundo!
Y la Clairon se volvió a su amiga y le preguntó:
-¿Es que este pobre hombre es un eunuco?

En otra ocasión, en el saloncillo de uno de los teatros más prestigiosos de París, un renombrado autor preguntó a la Clairon qué diferencia advertía entre un hombre de cincuenta años y otro de sesenta. La actriz dio la siguiente respuesta:
-Cuando un hombre empieza a tener grises los cabellos, tiene cincuenta años, y cuando vuelve a tenerlos negros, es que ya ha cumplido los sesenta.

La Clairon se retiró de la escena en 1765, y ya en sus últimos años de vida -y no muy sobrada de recursos- se refugió en el quinto piso de una modesta casa de vecindad. Allí acudió a visitarla uno de sus adoradores de otros tiempos, el cual se presentó ante ella fatigadísimo por la cantidad de escalones que acababa de subir.
-¡Oh, señora! ¡Cinco pisos! ¡Qué alto vivís!
Y la Clairon, siempre ingeniosa, respondió con la más seductora de las sonrisas:
-¿Qué queréis, amigo mío? ¡Es ya el único recurso que me queda para hacer palpitar los corazones!

domingo, enero 13, 2008

El don Juan que se llamaba Pedro (fragmento)

Pedro de Valdivia estaba ya fuera de peligro... Pero nunca había estado tan grave.
Parecía tener diez años más, como las pirámides de Egipto y los niños precoces; la invasión de cabellos grises había saltado los límites tolerables de las sienes; sus ojos carecían de brillo en absoluto, y ni su cuerpo se erguía con la gallardía de antes, ni su cerebro funcionaba con el empuje habitual.
Era igual que una de esas ruinas románicas perdidas en el campo, que utilizan los gobiernos para exacerbar el turismo y los pastores para guardar el ganado.
Y Ramón (su criado) se preguntaba cómo resucitarle. Valdivia, a semejanza de don Felipe el Hermoso, no tenía ningún interés en resucitar. Lo miraba todo con esa inexpresión del que vive en un mundo distinto o del que ha recibido un estacazo en la base del cráneo. Ramón convino con Camila, Gela, Tatiana, Lilí, Germaine y Denise que lo visitaran, pero fueron sucesivamente rechazadas por él.

Camila y Gela.
A las alemanas les tocó el primer turno.
-¿Qué te ocurre, liebling?
-¿Qué te ocurré, schatz?
-¿Es que ya no te gustamos?
-Precisamente -contestó él-. Estáis tan rubias y tan espumosas que parecéis dos jarras de cerveza.
Y cuando las convenció de que parecían jarras de cerveza, "las despachó" (que es lo que siempre se hace con las jarras de cerveza).


Tatiana.
La rusa había intentado atraérselo poniendo en juego toda su sensibilidad eslava, presentándose ante él con la rubaschka abierta, llevando al aire sus senos (sus senos, que eran como porteros de cabaret: dos, morenos, erguidos y colocados a derecha e izquierda) e invitándole:
-¡Míralos, Pedro!...
-Los veo.
-En nuestra primera noche de amor dijiste de ellos que eran las bocinas de mi sensualidad... ¡Ven! ¡Toca!...
Y él contestó:
-Gracias. No soy chófer.

Lilí.
Lilí, la españolita, le lloró -como de costumbre- y quiso emocionarle recordándole que por él había perdido su virginidad.
-¿Qué podré hacer ahora? -sollozó.
-Busca otro hombre y procura perder tu virginidad de nuevo. Será la octava vez que la pierdas, pero acaso tengas éxito esta vez.

Germaine.
Germaine, la más humilde y más niña de todas, apoyó la cabeza en su hombro mirando al cielo, y susurró, como la noche en que se le había entregado:
-Explícame las estrellas, mon chèri...
Y él contestó con aire de antiguo miliciano:
-Una en la manga, alférez; dos, teniente; tres, capitán. Una en la bocamanga, comandante; dos, teniente coronel; tres, coronel...
Y Germaine se retiró a sus habitaciones, llorando en silencio.

Denise
Denise se abrazó a él, declarando:
-Te lo perdono todo... El que me engañaras con aquella mujer del tren, y el que me hayas engañado con Tatiana, y con Camila, y con Gela, y con Lilí, y con Germaine...
Él replicó, llevándola hacia la escalera:
-Pues yo no te perdono a ti nada... Ni el que me quieras, ni el que engañes a tu marido, ni el que seas linda, ni el que seas mujer...
Y cerró la puerta pasando el cerrojillo.



Enrique Jardiel Poncela. Pero... ¿Hubo alguna vez once mil vírgenes? Cuarta Parte, Capítulo 3, Escena 13. Madrid. 1930

lunes, enero 07, 2008

Belleza

En el diálogo Hipias el Mayor, Platón formuló muchas de las cuestiones que se suscitaron luego, en Estética y Filosofía general, acerca de la naturaleza de la belleza y lo bello. Mientras Hipias afirma que, a lo sumo, lo bello es el nombre común de las cosas bellas, Sócrates repone que lo que buscamos no es una belleza particular, sino aquello que hace hermosas todas las cosas en que reside: una piedra, un leño, un hombre, un dios, y toda acción y todo conocimiento.
Y el Sócrates platónico continúa proponiendo definiciones, y analizándolas, y destruyéndolas. Todas ellas han sido profesadas y defendidas andando el tiempo, y han servido de base a sistemas estéticos.
¿Es belleza lo útil? ¿Será, pues, bella la fuerza, fea la impotencia, bello lo que sirve para algún fin y feo lo que para nada sirve?
¿Será la belleza lo que nos deleita por el oído y por la vista, como la hermosura humana, una estatua, un cuadro, una canción, una música, una conversación?
Pero... ¿cómo vamos a reducir la belleza a las impresiones de estos dos únicos sentidos excluyendo los restantes que también nos deleitan con la comida, la bebida, la holganza carnal? ¿No son agradables? Y sin embargo, ¿hay quién los llame bellos aunque los tenga por dulcísimos y placenteros? Además, ¿se nos ocurre llamar bella a una operación matemática o a una ley hipotecaria porque se nos comunican mediante la vista y el oído o por otra más alta razón? ¿Lo que es bello para la vista es bello para el oído, o viceversa? De ningún modo. Luego la belleza del oído será distinta de la de la vista, y para encontrar su naturaleza común habremos de buscarla fuera de los sentidos, porque si no, la belleza de un sentido excluiría la del otro. Algo de común tienen que les hacen ser bellas: lo son por la esencia ideal que hay en ellas, de las que participan ambas y cada una.
Sócrates termina con el antiguo proverbio: "Todas las cosas bellas son difíciles". Y el abajo firmante termina preguntándose: ¿No será la belleza un estado de ánimo?

jueves, enero 03, 2008

domingo, diciembre 23, 2007