lunes, febrero 22, 2010

Diálogo (cruel) entre actores jóvenes

-Hola, cuánto tiempo sin verte.

-Ya lo creo, ¿cómo estás?

-Bien, muy bien.

-¿Si? ¿Estás haciendo algo?

-Acabo de rodar un capítulo de una nueva serie de televisión.

-¡Guay! ¿De qué va?

-De esas de forenses y policías que están de moda.

-Genial, tío. ¿Qué personaje?

-Hago de yonki muerto, tío, genial.

-¡Guay, guay!

-Un personaje lleno de matices, tío. Fantástico.

-¿Tienes mucha frase?

-No, tío, que estoy muerto, pero ¡no veas cómo me he entregado en el personaje!

-Lo creo, eras muy bueno ya en la academia de arte dramático.

-¿Y tu?

-Estoy ensayando una obra en el teatro de la Alcantarilla, genial, tío.

-¡Qué guay! Cuánto me alegro.

-Estrenamos en un mes.

-¿Tienes mucho texto?

-Hago de camarero y digo: “La cena está servida”.

-¡Genial, tío!

-Y lo digo dabuti, oye, con una prestancia, un estilo...

-Es que tú eres hombre de teatro, es genético lo tuyo.

-¿Quién nos iba a decir en la academia que a estas alturas ya tendríamos unos papeles tan guays, ¿eh?

-Desde luego, tenemos una suerte loca, tío...

miércoles, febrero 17, 2010

El convento de san Plácido

Todo el mundo sabe que el convento de san Plácido está en la calle de san Roque, en Madrid. Pero quizá no todos sepan que a los cinco años de su fundación, en 1623, en este cenobio de las monjas de la Encarnación Benita sonaron campanadas escandalosas de extrañas novedades tan del gusto de nuestra historia eclesiástica.

Se dijo que casi todas las monjas (veinticinco de las treinta que había) estaban endemoniadas. Y entre ellas la priora y fundadora, Doña Teresa de Silva, moza de veintiocho años y noble linaje.

Fue éste, negocio de la mística alumbrada, tan proclive a perdonar los pecadillos de alcoba entre expertos confesores solicitantes y doñas debidamente solicitadas. Pedir -discurrirían aquellos clérigos- poco cuesta, pues el no lo llevas gratis y cualquier revolcón, por decepcionante que resulte, merece el riesgo de recibir un cachete de manos blancas.

Voy a dejar que la galantería me obnubile el juicio al relatar maremágnum tan galante: La culpa no fue de las cándidas religiosas, sino del lujurioso confesor Fr. Francisco García Calderón natural de Barcial de la Loma, en Tierra de Campos, y con cincuenta y seis tacos de almanaque a la espalda, que por aquel entonces mandaba intramuros del convento, quien aprovechando su autoridad se pasó por la piedra a las pupilas, empezando por la priora y siguiendo en orden alfabético o cronológico -quién sabe- hasta calzarse a casi toda la comunidad. Quizá las cinco que se libraron fueron más dengues o inoportunas como para resistirse.

Imaginen cómo de felices y retozonas iban las inocentes de san Plácido de pastoforio en transepto, hasta que el Santo Oficio juzgó necesario tomar cartas en el asunto, pues en su “intento” de exorcizarlas, llevaba el antedicho García Calderón tres años (de 1628 a 1631) entre visajes y conjuros. Tal música de somieres llevó a las cárceles secretas de Toledo al confesor, la priora y las monjas.

Tras varios incidentes de recusación, fue sentenciada la causa en 1633, declarando al padre Calderón “sospechoso de haber seguido a varios herejes, antiguos y modernos, especialmente gnósticos, agapetos, y nuevos alumbrados, y los errores de los pseudo Apóstoles, los de Almarico, Serando y Pedro Joan”.

Por más que Fr. Francisco negó lo de ser alumbrado ni hereje y dijo que en los actos libidinosos había procedido “como flaco y miserable”, sin pensar ni dogmatizar que fuesen buenos. Se le condenó a abjuración de vehementi, a sufrir ciertos disciplinazos y a reclusión perpetua en la celda de su convento. Las monjas abjuraron de levi y se las repartió por varios conventos con diversas penitencias.

Diez años después, el Tribunal aceptó la apelación de la priora, quien hizo constar que todo fue una maraña urdida por Fr. Alonso de León, enemigo acérrimo del confesor, y por el comisionado de la Inquisición, Diego Serrano, que aturdió a las monjas y las hizo firmar cuanto él quiso. La priora probó hasta la evidencia que jamás había penetrado en el convento la herejía de los alumbrados, ni otra alguna. Que el confesor las exorcizaba de “buena fe”, pero que quizá todo fuera debido a causas naturales (fenómenos nerviosos, que diríamos hoy).

La Inquisición mandó revisar los autos, hizo calificar de nuevo las proposiciones por los más famosos teólogos de varias órdenes y por sentencia de 5 de octubre de 1638 restituyó a las monjas en su buen nombre, crédito y opinión, dándoles testimonio público de esta absolución. Del confesor nada se dijo, lo cual da a entender que no le alcanzó el desagravio.

Saque cada cual sus conclusiones sobre qué tenía peor prensa: la herejía o la líbídine (cachondez, en román paladino).

Si les ha gustado este episodio sobre el convento de san Plácido, me lo dicen. Pues queda un segundo igualmente jugoso.

martes, enero 26, 2010

Dicotomía

Los españoles somos dicotómicos; y maniqueos. Ignoro si se debe a un atavismo genético o a una cualidad adquirida con el paso del tiempo. Tendemos a establecer dos bandos de lo que sea, política, deporte, literatura, tauromaquia... Dos bandos beligerantes entre sí que se niegan mutuamente el pan y la sal, se descalifican de manera fratricida y solemnizan con vehemencia y arrebato los deméritos ajenos antes que las propias virtudes.
En España se es del Barcelona o del Madrid, de Cánovas o de Sagasta, de Lagartijo o de Frascuelo, de Quevedo o de Góngora. Y una inmensa minoría que tiene el atrevimiento de ser del Numancia, del Paloma (de Santoña) o de la Balompédica Linense, puede considerarse desclasada y marginal. Apliquemos el símil futbolero a cualquier otro ámbito y el resultado será parecido.
Con qué pasmosa frivolidad el español de un bando denigra algo que hace el bando enemigo (que no adversario) y aplaude que ese mismo algo se haga en el propio.
Sabrán ustedes que allá por la segunda década del pasado siglo XX, existió una famosa rivalidad entre José Gómez "Joselito" y Juan Belmonte, dos toreros de tronío. Y tal pugnacidad no la tenían sólo los matadores, sino sus incondicionales seguidores. Pura dicotomía, nuevamente. Pues bien, un día que habiendo toreado el Gallo Chico (Joselito) en una plaza de un lugar de España y cuajado una faena antológica, el entusiasmo de sus seguidores llevó a éstos a pasearlo en hombros hasta la iglesia parroquial con objeto de solicitar del cura las andas que se utilizaban para la procesión de la Virgen, a fin de subir en ellas al torero y pasearlo por la localidad exhibiendo mayor gloria y exaltación de sus habilidades taurómacas. El cura párroco se espantó ante tal demanda y llegó a reprochar a aquellos fanáticos taurinos aquella osadía.
-Pero... pero... ¿Os habéis vuelto locos? ¿Utilizar la peana de la Santísima Virgen, nuestra Patrona, para pasear a Joselito?
Los apasionados aficionados admitieron de inmediato que tal petición -casi rayana en el sacrilegio católico- era una barbaridad y se dieron media vuelta avergonzados de su exacerbado entusiasmo. Apenas alcanzaron a escuchar lo que murmuró el cura por lo bajo:
-Si al menos hubiera sido para Belmonte...

lunes, enero 04, 2010

Propósitos de Año Nuevo

Una amiga mía considera que el año comienza con la retransmisión televisiva del Concierto de Año Nuevo desde Viena. Y se calza ante el televisor palmoteando alegremente la marcha Radetzky junto a los vieneses de la Musikverein. Imagino que es un acto de rebeldía para decidir que el año empieza cuando a ella le da la gana y no cuando lo marca el reloj de la Puerta del Sol. El tiempo es relativo, faltaría más. Y cada día primero de enero recibo un mensaje suyo en el teléfono móvil a las 13:30 horas, más o menos: "Ahora, sí. ¡Feliz Año Nuevo!".
En ese momento recuerdo al padre M. que era mi profesor de Filosofía en Sexto de Bachiller (y un hombre bueno) preguntándonos en clase qué era el tiempo. Y los listos de la clase -obviamente no me encontraba entre ellos- respondiendo: "El tiempo es la magnitud física que permite medir la duración o separación de las cosas sujetas a cambio". El padre M. negaba con la cabeza y hacía un gesto para que contestara el siguiente: "El tiempo es el orden de las cosas que no son simultáneas". Y el jesuita volvía a negar y señalar al siguiente: "El tiempo es una realidad absoluta, homogénea, inmutable, autodeterminada e infinita que fluye y se mueve de forma unidimensional en una sola dirección". El padre M. negó una vez más con la cabeza ante la exasperación de los listos de la clase que habían respondido correctamente lo que ponía en el libro de texto.
-El tiempo es una línea recta -dijo, al fin.
Y, cada 1 de enero, cuando mi amiga me felicita el año nuevo a las dos del mediodía yo recuerdo esa línea recta que tan atinadamente nos señaló el bueno del padre M. en la que se van sucediendo los episodios de la vida. También los que no. Porque mi amiga aprovecha el concierto televisado para hacer sus propósitos de Año Nuevo, que suelen ser dejar de fumar, aprender inglés, ir al gimnasio, perder unos kilos de peso... Y sistemáticamente, desde hace años, los incumple sin el menor atisbo de remordimiento. Sigue fumando, el inglés es un idioma muy raro, los gimnasios están llenos de gente con demasiados buenos propósitos, y, ¿cómo va a perder ni un gramo mientras sigan existiendo los bombones y el chocolate?
Hay muchas personas que hacen propósitos de Año Nuevo. Pero yo no los he hecho en mi vida. Y me siento doblemente marginal, uno, por no hacerlos. Y, dos, por no poder incumplirlos.
¿Qué se siente al hacer un propósito? ¿Qué se siente al incumplirlo? ¿Alguien podría ilustrarme?
Ah, por cierto, ¡¡Feliz Año Nuevo!! (aunque estemos a 4 de enero).

jueves, diciembre 24, 2009

miércoles, diciembre 02, 2009

El tranvía


Hace unos días Silvia escribió uno de sus magníficos artículos titulado "El autobús" en el que relataba un desagradable sucedido que le tocó padecer. Brava como es, supo apartarse de la manada y actuó como debía.
Sin parecerse lo más mínimo, me vino a la memoria un sucedido que viví en mi época de estudiante de Bachillerato cuando utilizaba el tranvía como medio de locomoción para acudir al colegio. El vehículo era idéntico al de la fotografía (si no era el mismo) y el día, de otoño.
Volvíamos del colegio a mediodía para comer, con el tranvía a tres cuartos de ocupación. Aquellos tranvías tenían dos plataformas, una delantera y otra trasera. En la trasera, por donde subían los pasajeros, tenía un escueto habitáculo el cobrador, casi siempre un hombre huraño y malhumorado, que sacaba los billetes de una máquina pulsando unos botones y tenía las monedas para la vuelta ordenadas en una caja. En la plataforma delantera, por donde bajaban los pasajeros, iba el conductor, que solía ser siempre un hombre delgado y capaz de mantener entre los labios un cigarrillo de liar medio apagado, protegido por una barra semicircular y gobernando unos manubrios, cataclac-clac-clac-cataclac, que a los críos nos parecían chulísimos. A lo largo del vehículo había dos filas laterales de asientos y barras en el techo para agarrarse. Como los asientos eran pocos, casi todo el mundo iba de pie, obvio.
Pues bien, el tranvía a medio llenar en hora punta, llega a una parada en la que se produce un aluvión de pasajeros que suben, mientras que pocos bajan. La irrupción de aquella turbamulta empezó a originar toda suerte de apreturas e incomodidades. Y, en aquel momento, un señor de pueblo que hasta entonces había estado sujeto a la barra sin mayor problema fue arrastrado por la avalancha. Y en medio del fragor exclamó a voz en grito en idioma aragonés:
-¡No empentís, ni arrempujís! ¡Si no cabís, ¿pa qué coño sus metís?!*
Se hizo un silencio sepulcral en el tranvía. La manada quedó muda como por ensalmo ante la exclamación de aquel señor. Parecía como si un sentimiento de vergüenza colectiva se hubiese apoderado de todos los ocupantes. Aquel hombre había derrotado a la masa utilizando un arma infalible: La lógica.

*"No atropelléis, ni empujéis. Si no cabéis, para que diantres os metéis". Nota del traductor.

jueves, noviembre 12, 2009

Cosas de chicas (y 3)

Parece que quedó claro que cuando una chica elige un vestido o decide visitar al cirujano estético es porque quiere estar guapa, o más guapa aún de lo que ya es. ¿Y para "quién" quiere ponerse guapa? He escuchado muchas opiniones al respecto, pero voy a quedarme sólo con tres: Para ella misma, para los hombres, para las otras mujeres.
Posiblemente sea un conjunto, una mezcla de las tres posibilidades. Y, aunque mi amiga la Fatica me prevenga de que no me adentre en arriesgados jardines y Turu vaticine con rigor que me las darán todas en el mismo lado, no me resisto a la tentación de crear una pequeña polémica con este asunto. Por enredar, solamente.
Obvio será que la apreciación masculina limitará en buena medida mi opinión. Como también es obvio que las chicas tienden a volverse un poco herméticas en estos negocios, pues no acostumbran a dar mucha explicación sobre el por qué o por quién se ponen guapas. Propenden a dejarnos adivinar la causa, sobre todo si somos nosotros esa causa; y más vale que seamos capaces de dar con la solución correcta o el misterio sugerido.
-¿No me ves nada distinto?
-Te cambiaste el peinado.
Salvados.
-No, mastuerzo, llevo una blusa nueva.
Condenados.
Pero las chicas siempre perdonan nuestras torpezas y nuestros despistes y siguen poniéndose guapas para nosotros. Y sabemos que es para nosotros porque les sonríen los ojos al mirarnos cuando se han vestido su blusa nueva, esperando que nos guste tanto como a ellas.
Dicen (yo lo escuché en el tranvía, o en el autobús) que las mujeres no se ponen guapas para los hombres, sino para "su" hombre. Bajo el vestido o traje elegante y vistoso, se cubren con una ropa interior más primorosa todavía.
¿Sólo para su hombre? ¿Para si misma? ¿Para otras mujeres? ¿Por qué las mujeres eligen una ropa interior y no otra?
Los hombres, que somos sencillos y planos como el encefalograma de la momia de Tutmosis, tenemos pocas alternativas con respecto a la ropa interior. Las chicas tienen un universo y saben aprovecharlo. Si aplicamos un silogismo hipotético a este asunto de la ropa interior femenina, resultará que ellas son las complicadas y no nosotros.
Cuán importante es en una mujer su ropa interior.
Los chicos nunca llegaremos a las chicas a la suela del zapato. Pero yo este invierno pienso comprarme unos "marianos" monísimos por si hace mucho frío. ¿O no me los compro?

jueves, noviembre 05, 2009

Cosas de chicas (2)

Cuando dos amigas coinciden por azar en la consulta del dentista, se animan mutuamente diciéndose que la anestesia no duele como antes, y que el torno no da tanto miedo. Hablan relajadamente, dentro del nerviosismo que siempre entraña una sala de espera, y hasta podrían ser capaces de contarse un chiste. Pero si ese encuentro se produce en la consulta del cirujano estético, la cosa pinta peor. No pueden disimular la sorpresa ni el desagrado. Se miran de soslayo con una sonrisa dibujada por el enemigo, hablan lo imprescindible y lo imprescindible tiene relación con la meteorología, el tráfico y las obras. El resto de temas es intocable.
El primer pensamiento que les asaltó al encontrarse en la misma sala de espera fue: "¿Por qué ha tenido que venir aquí y ahora, precisamente, esta estúpida?". Aunque es posible que el término estúpida sea sustituido por otro más acerado. Y aquella amiga que antes -o en otro lugar- era un encanto, se ha convertido en el ser más aborrecible, antipático y detestable de la Creación.
Cuando a la que estaba citada en primer lugar le llega su turno, hace una mueca y entra en la consulta. Allí, además de tratar con el médico "lo suyo," intentará indagar "a qué ha venido su amiga Fulanita". Y, hará lo posible por reconvenir a médico y enfermera de que no le digan ni por asomo a la otra el motivo de la consulta. Médico y enfermera se mostrarán incluso molestos de que se ponga en entredicho su profesionalidad. Con la otra sucederá exactamente igual, está claro.
Si el médico o la enfermera tienen algún lazo de amistad o confianza con alguna de ellas, cantarán la Traviata, y una sabrá que "plastia" (como diría mi amigo Turu) le van a hacer a la otra. Y cuando se vuelvan a encontrar en cualquier circunstancia, la que sonría de oreja a oreja será la que sepa lo que le hicieron a la otra.
¡Qué curiosa habilidad tienen las chicas para localizar cualquier trabajo estético, caramba! Basta que uno diga:
-Jo, qué pechugamen tiene Menganita.
Para que contesten despectivamente:
-Bah, operadas.
O que veas a Zutanita y digas:
-Está guapa hoy Zutanita.
-Cómo no va estar, si pasa más tiempo en el quirófano que en su casa.
Ni que tuvieran un nonius en la cabeza para medir mentalmente todo tipo de superficies susceptibles de ser retocadas por un cirujano, y que a los hombres suelen pasarles desapercibidas.
El caso es que a los hombres no suele molestarnos que algunas mujeres sean estéticamente fraudulentas, nos da directamente igual. Pero entre ellas se lo ocultan, lo denostan. ¿Por qué lo harán?

miércoles, octubre 28, 2009

Cosas de chicas (1)

Una de las cosas que más puede descomponer a una mujer es que otra mujer lleve su mismo modelo de vestido. Los hombres no solemos fijarnos en éso, y, si lo hacemos, lo tomamos a chufla. Pero ellas, se pueden enfurecer hasta límites insospechados.
En una boda muy distinguida asistí a un espectáculo "delicioso". La esposa de un amigo iba puestísima y monísima con su vestido de color "no me acuerdo ahora". Transcurrió la ceremonia, nos reunimos los asistentes en el atrio para intercambiar saludos refinados y gentiles y la antedicha cumplimentó ostensiblemente a otra amiga. Ya en el vehículo que nos llevaba al restaurante donde se celebraba el banquete, mi amigo, entre extrañado e incrédulo le dijo a su esposa:
-Ya he visto que has estado muy efusiva con Fulanita (Fulanita era esa otra amiga que había sido exnovia de mi amigo y a la que su mujer no conocía personalmente).
-¿Yooo? ¿Es que estaba en la iglesia?
-Claro -tercié yo, haciendo mal tercio- la morena del vestido negro que has besuqueado con tanto entusiasmo.
-¡Por favor! ¡Qué vergüenza! -exclamó ella irritada.
Se acabaron los tercios porque la cara de la esposa de mi amigo empezó a adquirir unas tonalidades peligrosas para los cercanos, y seguimos el trayecto hablando del tiempo, de lo guapo que estaba nuestro amigo el novio, y del último partido de liga de fútbol. Ella estaba realmente enojada.
Una vez en el bar del hotel, tomando el aperitivo y cuando parecía que había escampado, sobrevino la catástrofe. Un matrimonio amigo que no pudo acudir a la iglesia se reunió con nuestro grupo. Y quiso el destino funesto que la esposa vistiera un modelito idéntico, pero idéntico, a la antecitada mujer de mi amigo. Los hombres, ante esas circunstancias bromeamos con la casualidad, quizá porque todos vamos muy parejos, con traje oscuro preferentemente azul marino. Pero ellas, nooooo. Ambas quedaron boquiabiertas como si aquello no pudiera estar sucediendo, como si fuera un mal sueño del que van a despertar enseguida. Claro que cuando tienes que sentarte a la mesa con otra mujer vestida exactamente igual que tu, el espíritu femenino no puede por menos que rebelarse. Y en una boda tan finolis no se puede increpar a voces a la otra por su elección del vestuario, ni liarse a mamporros, sino que hay que guardar una sutil y discreta compostura, forzar la sonrisa y rezar para que pase pronto de ellas este cáliz de sufrimiento.
La rechifla se palpaba en el ambiente, y algún destarifado la atizaba con comentarios tales como: "Caramba, sois del mismo colegio", ó "habéis venido de uniforme". Yo cerraba los ojos pensando que de un momento a otro volarían tenedores y cuchillos y nos encontraríamos sin comerlo ni beberlo en La matanza de Texas, pero en el Gran Hotel.
Afortunadamente todos salimos airosos e indemnes, y me consta que ambas mujeres siguen siendo amigas, aunque creo que si van invitadas a una boda, se telefonean antes para saber el atuendo de cada cual.

domingo, octubre 18, 2009

Lenguaje evolutivo

Hasta hace relativamente poco tiempo, decirle a alguien en castellano que era un "niño gótico", equivalía a tacharle de jovencito presuntuoso e insustancial, amén de cursi (según acepciones recogidas por el DRAE).
Pero si ahora llamamos a una persona "gótica", una importante mayoría de la población creerá que nos estamos refiriendo a un individuo perteneciente a una subcultura en la que prima una estética negra, con ornamentos oscuros, siniestros, tétricos y lúgubres.
Ahora les toca elegir a ustedes que acepción les gusta más.

martes, octubre 13, 2009

Fiestas de pueblo

En mi ciudad estamos en fiestas. Y, aunque la población roce los 700.000 habitantes, las fiestas son de pueblo. No voy a entrar en detalles porque no me apetece, pero me ha venido a la memoria una historia que me contaron y que sucedió no hace demasiado tiempo.
En el Ayuntamiento de un pueblo cuyo nombre recuerdo perfectamente, pero no voy a decir, alcalde y concejales preparaban el programa de fiestas patronales. Andaban algo mosqueados porque en el pueblo de al lado, con el que les unía una cariñosa enemistad, habían recuperado una vieja tradición para sus fiestas, consistente en una especie de comparsa de cabezudos. Y éstos no querían ser menos, de modo que se habían puesto a buscar alguna tradición que llevarse a las fiestas. Una encontraron. Parecía ser que hubo una procesión en la que acompañaban al santo por todo el pueblo unos alabarderos con vistosos uniformes y alabardas de más de dos metros. Pusiéronse manos a la obra, desempolvaron los trajes, los restauraron y remozaron las alabardas con todo lujo y esplendor.
Con todo preparado, se produjo el conflicto. En la calle de acceso a la plaza había un arco bajo el cual pasaba la procesión. Y los soldados no podían atravesarlo con las alabardas enhiestas.
-Pues habrá que cortar las lanzas -propuso uno.
-¿Cómo se van a cortar las lanzas si tienen tanta antigüedad?
-Pero mira que sois burros... Se desmonta el arco.
-¡Si desmontamos el arco se viene abajo la casa del Emerenciano!
El secretario del ayuntamiento, que era de ciudad, los miraba atónito y despavorido ante las tropelías que aquellos munícipes eran capaces de cometer. Casi en un susurro, se dirigió a ellos:
-Disculpen, señor Alcalde, señores concejales. Pero, dado el tamaño de las alabardas y la altura del arco, en vez de tocar unas u otro, ¿no sería más prudente que los soldados se agachasen con la lanza al pasar bajo el arco? Así no habría que modificar nada...
Los concejales, tras unos momentos de reflexión, prorrumpieron en aplausos y vivas a aquel pobre secretario de ayuntamiento que acababa de solucionarles el grandísimo problema. Y el alcalde, se dirigió a sus ediles:
-Si es que, no hay como tener estudios.

jueves, mayo 21, 2009

Comida en el Thermidor

"El Thermidor era un minúsculo restaurante recién abierto, en el que todo había sido elegido escrupulosamente para obtener un conjunto refinado y abrumador: Los porteros negros, las pantallas moradas, la vajilla de esmalte y de cristal de roca, los grandes búcaros donde se desmayaban lirios, la orquesta de cosacos que entonaba melodías lúgubres de estepa arrasada por un ciclón y la dentadura postiza del maître.

-Sentémonos en esta mesa -indicó Perico Espasa-. El camarero es amigo y...
-No. Nada de camareros amigos -rechazó Federico-. Un camarero amigo es siempre demasiado amable; nos pregunta si nos hemos casado ya; nos habla del último éxito literario; nos aconseja que no pidamos mariscos, porque aquél día no han llegado frescos y no nos permite que comamos ternera, porque precisamente es de anteayer y está podrida. No, no... Nada de camareros amigos y amables. Me gusta que los criados sean mudos y que los mariscos estén pochos, y que la ternera haya sido muerta durante la primera guerra carlista.

Cruzaron el salón al ritmo lento de La Russalka, de Dargomijsky, que la orquesta de cosacos ejecutaba como ejecutan siempre los rusos: en masa y creyendo en serio que hacen algo importante para el progreso del Mundo.
El salón de Thermidor se hallaba medio vacío, como los pantanos de la provincia de Huesca.
Diez o doce personas comían entre bisbiseos tenues de conversaciones y esguinces de fatigado snobismo. Sólo se oían claramente las voces de tres ingenieros que discutían, entre plato y plato, un problema de resistencias y no pensaban que el verdadero problema de resistencia era oírles diez minutos sin darles un silletazo. Desde la mesa central un viejo cínico le hacía gestos a una dama que se hallaba frente a él en compañía de su marido y de un pollo delgadísimo (del que ya se había comido un muslo). La dama le agradecía al viejo Don Juan su cinismo, pero no le perdonaba sus setenta años, así es que le rechazó tácitamente, dedicándole al marido, de allí en adelante, todas sus palabras y todas sus sonrisas. (Hay una época en el matrimonio en que la esposa sólo se comporta agradablemente con el esposo para mostrarle su desagrado a un seductor o para que no note que un seductor le es agradable.) Más al fondo comían dos enamorados, que denunciaban lo reciente de su pasión cambiando entre sí el contenido de sus platos: porque el amor sólo es intercambio (de alimentos, de besos, de caricias, de espasmos, de lágrimas, de reproches, de insultos, de injurias; y -a veces, cuando los amantes son personas educadas- de bofetadas; y -frecuentemente, cuando los enamorados son seres exquisitos- de gonococos). Junto a la mesa elegida por Federico, una mujer sola (cabellos negros, pupilas azules, boca pálida y tez color noche de bodas) consumía en silencio unas setas con mermeladas. Su pensamiento parecía estar lejos de las setas, pero su corazón sin duda estaba cerca de las mermeladas."

(Extracto de la novela “La Tournée de Dios”, de Enrique Jardiel Poncela. Editorial Biblioteca Nueva. Madrid. 1932.)

lunes, abril 27, 2009

Cencerrada en la calle de los Viejos

Hubo en pueblos y ciudades de España una costumbre —hoy desterrada— que consistía en aporrear desapaciblemente cencerros y otros artilugios similares para burlarse en la noche de bodas de aquel que se había casado con una viuda. Era lo que se denominaba dar cencerrada. Imagino que el origen de tal actividad nacería de los atavismos de la prepotencia de la mayoría de los varones respecto a las mujeres al considerar que éstas debían llegar incólumes al matrimonio. Si uno se casaba con una viuda tal doncellez se suponía que brillaba por su ausencia. Y había que mofarse del tipo. Con el paso del tiempo el varón fue adquiriendo cordura y talento (o eso se supone) y fue extinguiéndose tal usanza. Si hoy en día se mantuviera la costumbre de dar cencerrada a los que se casaban con una dama en segundas nupcias la barahúnda sería diaria e insoportable.
Hace unos años topé en la hemeroteca con una referencia (que no tenía nada que ver con lo que yo estaba trabajando, porque el abajo firmante está mal de la cabeza pero no hasta el extremo de buscar referencias de cencerradas) que considero una joyita de la información periodística. Se publicó el día 30 de septiembre de 1917 en el diario Heraldo de Aragón y la transcribo íntegra:
"Un vecino de la calle de los Viejos requirió ayer el auxilio de la Policía con muchísima razón. Desde hace dos noches el denunciante y otros vecinos de la misma casa son víctimas de unas cencerradas insoportables que les dan unos mozos so pretexto de que uno de los vecinos se ha casado con una viuda.
Además resulta que se han adelantado a los acontecimientos porque la viuda no se ha casado aún. La crueldad de los murguistas llega al extremo de que no se conforman con dar la cencerrada en la calle sino que, además, suben a la casa y aporrean las puertas como si cada uno no tuviera su alma en su armario y no pudiera casarse con quien le conviniera.
Para evitar la lata y el atropello el Jefe de Policía ordenó a dos de sus agentes que se sitúen en el lugar del escándalo para evitarlo en lo sucesivo".
No pude averiguar quién era el autor del artículo, pero no me negarán que la redacción es deliciosa. Al día siguiente no se hablaba de otra cosa en la ciudad y más de un curioso se daría un garbeo por la calle de los Viejos —que debe su nombre a que en tiempo inmemorial vivieron en dicha calle tres caballeros exageradamente provectos y existe aún en el casco histórico— para cotillear quién era el de los desposorios. O para entender en qué consistía éso de "tener el alma en el armario", que yo les confieso que no he podido comprenderlo.

lunes, abril 20, 2009

Animus jocandi

Los políticos de cualquier época y tendencia han tratado siempre con desdén -cuando no con desprecio- a la cultura. José Solís fue un ministro de Franco (a mayor abundamiento Ministro Secretario General del Movimiento) nacido en la localidad cordobesa de Cabra, que iba por la vida de risueño y simpaticón. "La sonrisa del régimen" llegaron a denominarle.
En una visita oficial a un centro de enseñanza, tuvo a bien dar un consejo a los educandos: "Más gimnasia y menos latín", entre risas y jacarandas. Quizá quería estimular una campaña estatal de aquel entonces que decía "Vive deportivamente" con el vigoroso fin de que los españoles hicieran deporte. O quizá lo dijo con cierta retranca hacia los tecnócratas del Opus Dei que andaban al alza en las preferencias del caudillo.
Parece ser que tras escuchar la frasecita de marras, un maestro de algún perdido colegio o escuela de España amante del latín, le envió una carta. Digo parece, pues toserle a un ministro de Franco no era tarea fácil y menos salir indemne del catarro, (de ahí que esta anécdota entre en la categoría de leyenda urbana). El caso es que la carta trascendió y su párrafo más sublime venía a decir:
"No menosprecie el latín, señor Solís, pues gracias a él usted, que nació en Cabra, es egabrense"

lunes, abril 13, 2009

Orgullo y muerte de un rey


Para concluir este brevísimo viaje al medievo de la cruzada contra los cátaros comentada en las dos anteriores entradas, nos acercaremos a la batalla de Muret. En 1213 el rey de Aragón seguía con atención preocupada los progresos militares de los barones franceses en tierras del Languedoc, feudatarias de su reino. Le interesaba mantener su influencia sobre ellas y estaba obligado a protegerlas.
Al principio se contentó con la vía diplomática y presionó ante el papa para que sus derechos fueran respetados pero, después, viendo que no cabía más respuesta que la fuerza, reunió a su ejército y pasó los Pirineos para reforzar a los languedocianos en una batalla feroz contra los cruzados. Los dos ejércitos se enfrentaron en Muret, el 13 de septiembre de 1213. Se alzaba con la victoria el rey de Aragón, experto militar que ya tenía en su haber una destacada intervención en la batalla de las Navas de Tolosa, librada el año anterior. Pero cuando ya la batalla parecía decidida a favor de los aragoneses, la muerte del rey alteró el resultado final y -probablemente- el de la historia de Francia.
Según la versión más aceptada de los hechos, algunos caballeros franceses se habían juramentado para acabar con el rey de Aragón, de quien sólo conocían su elevada estatura. Por lo tanto se dirigieron contra un corpulento caballero que combatía en la vanguardia de la hueste real y, dando con él en tierra, lo alancearon.
-¡Pedro ha muerto! -exclamó uno de los franceses- ¡Hemos matado al rey de Aragón!
Al escuchar los gritos que lo daban por muerto, el verdadero Pedro de Aragón, caballerosamente orgulloso, no pudo reprimirse y levantando un poco la visera del yelmo replicó:
-¡Os equivocáis, porque el rey de Aragón soy yo!
Entonces los cruzados lo acometieron con renovados bríos y consiguieron acabar con él. En cuanto corrió la noticia el bando languedociano flaqueó y la lucha se decidió en favor de los cruzados. Allí se esfumaba la última oportunidad de independencia del Languedoc y de supervivencia del catarismo.
Pedro II de Aragón murió excomulgado por el mismo papa que le había coronado. Recogido por los Hospitalarios, su cadáver permaneció enterrado en Toulouse hasta que el papa Honorio III permitió que fuera trasladado y enterrado en el panteón real del monasterio oscense de Sijena en 1217.

lunes, abril 06, 2009

Cruzada

Al hilo de la entrada anterior, en la que comentábamos la leyenda de la coronación de Pedro II el Católico, nos acercaremos ahora al sitio de la ciudad de Bèziers, en el Languedoc francés, durante la cruzada que el papa Inocencio III lanzó contra la herejía albigense.
Tradicionalmente la cruzada contra los cátaros se ha presentado como un conflicto meramente religioso. Es más compleja la realidad. Fue también una empresa de conquista para los barones del Norte de Francia y su rey; los barones ambicionaban las riquezas del Sur y el rey de Francia deseaba extender su influencia hasta los Pirineos, recelando del dominio amistoso del rey de Aragón en la región del Languedoc. Fue, incluso, una cruzada social, ya que los fundamentos ideológicos del sistema feudal -establecido sobre la presunta superioridad de la aristocracia- estaban siendo refutados por el creciente poderío de la burguesía ciudadana.
Como todo el mundo sabe, el ejército cruzado acampó frente a Béziers el 22 de julio de 1209. Las autoridades de la ciudad se negaron en redondo a entregar a sus conciudadanos herejes: "Preferimos perecer ahogados en el mar antes que entregar a nuestros vecinos y renunciar a nuestras libertades". Los cruzados sitiaron la ciudad y se prepararon para asaltarla.
Lo que quizá algunos no sepan es que la víspera del día señalado para el ataque, uno de los jefes militares fue a consultar al legado pontificio:
-Cuando entremos en la ciudad, ¿cómo haremos para distinguir a los buenos católicos de los herejes?
A lo que el legado del Papa, después de una breve reflexión, respondió:
-Matadlos a todos, que Dios reconocerá a los suyos.
Y así lo hicieron. Los feroces cruzados asaltaron la ciudad y la mayor parte de su población pasada a cuchillo. En un solo día se calcula que perecieron ocho mil personas.

jueves, marzo 26, 2009

Coronación


Todo el mundo sabe que en la Edad Media los pontífices de la Iglesia católica coronaban a los reyes de una forma peculiar: Imponían la corona en la testa de los soberanos con los pies, en lugar de con las manos, resaltando así una preeminencia del poder espiritual de la Iglesia sobre el terrenal poder de los monarcas.
Lo que algunos ignoran es que Pedro II de Aragón se hizo coronar por el Papa Inocencio III el 11 de noviembre de 1204; y lo hizo con una corona de pan blando, con lo que el Pontífice hubo de utilizar las manos en lugar de los pies.

sábado, marzo 21, 2009

Cuestión de centímetros


Es mediodía del sábado ante la puerta de la iglesia del Carmen. Hay una boda y los invitados se agolpan alrededor de la pareja de novios recién casados. La novia es guapa, porque todas las novias siempre están guapas, y el novio tiene cara de pájaro embobado aunque resulta aceptablemente apuesto.
Un poquito más lejos del grupo de invitados, sentados en las escaleras de la iglesia, se desparraman al sol unos cuantos menesterosos que esperan la hora de acceder al comedor que los carmelitas tienen en los bajos de la parroquia, donde sirven casi trescientas comidas calientes diarias a transeúntes, pobres y necesitados.
Los invitados a la boda visten ad hoc, de boda. Trajes oscuros ellos y vestidos largos y vaporosos ellas. A bastantes se les nota incómodos por la falta de costumbre de vestir traje y corbata. Evitan mirar a los indigentes y casi conforman un círculo defensivo como solían hacer los vaqueros en las películas del oeste cuando les iban a atacar los comanches.
Los menesterosos parecen sentirse a gusto en la ropa usada que les han dado en la misma parroquia o en algún ropero. Miran a los invitados de forma distraída, como si contemplasen un espectáculo callejero que pasa diariamente. Casi todos tienen la derrota pintada en la cara, sin importar las diferencias de edad y de origen geográfico que hay entre ellos.
Invitados e indigentes pertenecen a dos mundos lejanos, pero en ese momento están muy cerca. Apenas unos centímetros separan el oropel de la miseria.

domingo, marzo 15, 2009

Tiempo de cuplé

En nuestra habitual tertulia, mientras removía con parsimonia el azúcar de mi café, canturreaba por lo bajinis un viejo cuplé. Al levantar la vista comprobé que mis amigos me observaban entre condescendientes y divertidos; condescendientes ante mi escasa capacidad musical y divertidos por la tonadilla: "La Lola dicen que no duerme sola, pues han visto a un mozalbete y no saben dónde se mete, mete, mete...". Un clásico de los cuplés, vaya.
Coincidimos todos en lo jocoso de aquellas letras y en la habilidad de sus autores para dotar a las frases de un doble sentido insinuante y sugestivo. Convinimos en que —por regla general— nos seducía mucho más lo sugerente que lo explícito.
Cuando La Chelito cantaba Un paseo en auto, el público llegaba a corear aquella estrofa:
Tanto sufría yo
al mirar que el ahogo
no lograba que aquello marchara,
que por fin me arriesgué
y al muchacho ayudé
para que su motor funcionara.
Y la sicalipsis podía alcanzar cotas inimaginables ante el voluptuoso contoneo de sus caderas mientras, con sonrisa angelical, utilizaba un tono entre la inquietud y el desmayo inminente cantando: "Tengo una pulga dentro de la camisa, que salta y corre y loca se desliza".
El pícaro doble sentido que las letras de los cuplés provocaban entre las gentes hacía que imaginasen vaya usted a saber qué ilusiones o delirios:
"Tengo un jardín en mi casa
que es la mar de rebonito,
pero no hay quien me lo riegue
y lo tengo muy sequito".
Ya no se oyen cuplés, ni tonadillas galantes provocadoramente sugestivas. En general se tiende a lo sumamente explícito en todos los órdenes, privándonos del derecho a la imaginación y la fantasía. Quedan arrumbados los ensueños y las quimeras ante la expresa y desustanciada realidad.
"Ven, y ven, y ven,
chiquillo vente conmigo,
no quiero
para pegarte, mi vida,
ya sabes pa' lo que digo
".
Y es que... No hay nada más erótico y sugestivo que, entre una pareja que se desea, cualquiera de ellos diga: Ven...

lunes, marzo 02, 2009

Siempre hay esperanza

Un comediógrafo fracasado se quejaba con amargura al novelista francés Anatole France de lo despiadadamente que la crítica lo había tratado. El novelista se afanaba en consolarle, pero no lo conseguía:
-¡Estos críticos son todos unos imbéciles! -despotricaba el autor teatral-. Desengáñese, maestro, ¡la tontería no tiene cura!
A lo que France respondió con tono amable:
-No desespere usted, no desespere.

domingo, febrero 22, 2009

Matrimonio abierto


Todo el mundo sabe que Manuel Filiberto de Saboya-Aosta, duque de Aosta y Apulia e hijo de Amadeo I, fue príncipe de Asturias durante dos años.Pero lo que no saben algunos es que en su matrimonio con la princesa Elena de Francia reinaba la felicidad porque uno no se metía en la vida del otro. Lo que hoy llamaríamos una "pareja abierta". Ninguno de ellos se consideraba obligado a la fidelidad conyugal siempre que las cosas se "hiciesen" con discreción y estilo.Cierta noche en un lujoso hotel de Livorno el ex príncipe de Asturias, que se encontraba en una habitación con excelente compañía, escuchó a través de la pared de la estancia contigua unos quejiditos femeninos harto familiares. Picado por la curiosidad llamó por teléfono al portero preguntando quién se hospedaba en la estancia de al lado. El empleado, pensando que se trataba de una pregunta de mero trámite, respondió que su ocupante era la duquesa de Aosta.A la mañana siguiente Manolo (así le llamaban en casa) muy galante, envió a su mujer un ramo de rosas con el siguiente billete: "Espero que hayas pasado una buena noche, cariño".

lunes, febrero 16, 2009

Después

En mis manos se ha agitado un personaje desnudo y lo he procurado vestir de alma. ¿Mi alma propia o la que he creado para este personaje? No, no soy yo. Me puse mis máscaras ideales para engañar al público, para cautivarlo, conmoverlo. Me he desprendido de mi mismo para ser otro. He intentado que la palabra fuese la voz del amor, de los huesos y de la sangre. Palabra que teje la vida: Pasión, soledad, dulzura, muerte... Aunque, al final, cuando haya descendido el telón, todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia.
Vuelvo a ser yo. Un hombre, simplemente.

lunes, febrero 09, 2009

Antes

Tengo miedo. Tengo miedo a la lluvia, y a esos pájaros de nubes que avanzan lentamente grises. Y al silencio que viene conmigo a todas partes. Tengo miedo a la palabra olvido.
Me asomo a ese océano inevitable para dejar mis palabras desnudas, sin velos, en el aire, sintiéndome como un viajero que llega a una estación donde no le espera nadie.
Tengo miedo a pensar que una palabra, un gesto, la efímera existencia de una mirada no correspondida pueda romper la figura azul del mar.
Pero sube el telón y dejo de ser yo.

jueves, enero 29, 2009

Horas extras


El actor austriaco Franz Johan llegó a España en 1942 formando parte de la compañía de teatro Los Vieneses, que había fundado y dirigía Artur Kaps. La compañía estaba especializada en revistas y operetas, y contaba también con la marionetista Hertha Frankel, que se hizo muy famosa en la televisión española de los años 50 y 60 con su "perrita" Marilyn.
Dada la permanencia de éxitos de Los Vieneses en Barcelona, Franz Johan compró un hotelito cerca del Tibidabo.
Por exigencias de la profesión estuvo durante bastante tiempo fuera de Barcelona y fuera de España, y cuando volvió se creyó en el caso de hacer algunas obras de reparación y de embellecimiento en el hotelito, para lo cual mandó llamar a unos albañiles. Eran dos auténticos especialistas en eso de dejar hechos unos brazos de mar los hoteles ("torres", que dicen en Barcelona).
Tan bien hacían el trabajo y tanto mejoraba de día en día, que Franz Johan se creyó en la obligación de felicitarlos.
-Muy bien. Admirable. Lo hacen extraordinariamente bien.
Y se creyó también obligado a agradecerles de alguna manera su rapidez y su eficiencia, por lo que añadió:
-Ahí van estas entradas para que vayan esta noche a ver nuestro espectáculo. Estoy seguro de que pasarán un buen rato.
Los dos obreros se fueron tan contentos a ver a Los Vieneses, y salieron encantados.
Al día siguiente terminaron su trabajo en el hotelito de Franz Johan, y éste les pidió la factura. ¡Por poco cae al suelo desmayado! No era que hubieran cargado la mano al escribir los números y aquello fuese demasiado caro. Para lo bien y rápidamente que lo terminaron, le parecía hasta barato. Pero su estupefacción se debía a una causa bien distinta: Los dos obreros, después de consignar el gasto de materiales y la mano de obra... ¡Le habían puesto dos horas y media extraordinarias -y con el consiguiente recargo del trabajo nocturno- por el tiempo que ambos invirtieron en asistir a la representación de Los Vieneses a la que habían sido invitados por Franz Johan! Y eso que no había crisis...

Ilustración: Representación de Campanas de Viena en el Teatro Cómico de Barcelona.
Autor: Alcayna.

lunes, enero 19, 2009

Piel conquistada


Jugaba a poner el pie en el círculo blanco del destino, como si pretendiera exorcizar todas las magias.
-Me he vestido desnuda con tu piel, mi amigo.
La tormenta parpadeaba en la noche brillante de sus ojos.
Nada ni nadie pudo destruir el silencio. Desapareció en un sorbo de sus labios.
-Me he vestido desnuda con tu piel, mi amigo.
Le había conquistado.

domingo, enero 11, 2009

Recuerdos de niebla


Casi siempre lo que tendemos a atribuir de manera confiada a la memoria -ese hecho, esa escena prendida con alfileres que hemos rescatado del olvido- no es más que una narración que se desarrolla en nuestra mente y que, con mucha frecuencia, se transforma al ser contada. Hay un eterno conflicto de intereses emocionales que se orquestan para que la vida llegue a ser alguna vez plenamente aceptable, y suele ser misión del narrador que las cosas se ajusten a este fin. La niebla del recuerdo es densa y el narrador se aviene a disiparla con sus palabras. El pasado y la memoria están envueltos en la niebla. El narrador distorsiona lo que fue real. Cuando hablamos del pasado mentimos.
Aunque las cicatrices nos recuerdan que aquello que vivimos fue real.

martes, diciembre 16, 2008

Aplausos a una mano

Se estrena un drama en el Teatro Español de Madrid. Ha terminado el segundo acto entre frenéticos aplausos y el público, en pasillos y vestíbulo, comenta el éxito de la obra. Alguien dice:
-A Valle-Inclán, que no es fácil de convencer, le encanta la obra. Pocas veces he oído de sus labios elogios tan sinceros y calurosos.
-Pues yo -replica otro individuo del grupo- tengo mi butaca al pie de su palco y no le he visto aplaudir ni una sola vez.
En esto, el propio don Ramón, que se acercaba y había escuchado el breve diálogo, preguntó al que había hablado últimamente:
-¿Quería usted que me pusiera a darme palmadas en la frente con la mano que me queda?
(Para Mer, que tiene una mano averiada y no aplaude, pero nos regala su sonrisa luminosa)

jueves, diciembre 11, 2008

Palabras Desnudas


Han venido a verme las palabras, muchas, quizá todas. Las he desnudado y descubrí un lento perfume de luz en su piel, un contacto líquido de tinta y de papel.
Las he desnudado porque quería su voz, pero estaban mudas. He querido recordar en ellas los pasos que tantas veces hemos caminado juntos sobre el papel, pero quedaron quietas, mirando el recuerdo de una luz, un perfume, una tinta, una piel. Caminamos sobre el papel hacia nosotros mismos pero envueltos en otra piel.
Las palabras están desnudas.
"En las palabras vive lo que vivió ayer,
pero nunca lo mismo tiene segunda vez
".

lunes, diciembre 08, 2008

Duelo de miradas

Los ojos se posan en otros ojos, un fragmento de tiempo que puede resultar fugaz y perdurable. Es un juego. Los adversarios se miran con mayor o menor intensidad sabiendo que la próxima vez el momento sea más extenso quizá. Timidez, audacia, seguridad o desdén según el ánimo, o la intención. Sigue siendo un juego.

Miramos tantas veces y no vemos y vemos tantas veces sin mirarnos, que el juego de mirarse a los ojos está a punto de perderse en miradas vacías. Sin rozar lo interior el ojo sueña, roza, palpa, desvaría impreciso hasta congregarse entre sombras como si de una luz inmadura se tratase.

Pero el juego vuelve. Se mantienen firmes las miradas, no es posible el parpadeo, y un latido hondo y dulce golpea suavemente, como llamando a una puerta invisible. Los ojos fijos. Es un juego.

Y como en todo juego que se precie, siempre son los niños —cuanto más pequeños, más diestros— los que resultan invencibles en un duelo de miradas. ¿Será por su inocencia, por su seriedad?

viernes, noviembre 28, 2008

Muñoz Seca, humor hasta el final




Pedro Muñoz Seca no daba paz a su pluma. No bien había echado el telón a una comedia empezaba con otra, acuciado por la continua demanda de títulos que le hacían todas las empresas teatrales de Madrid, y por mantener a sus nueve hijos.
Un día le preguntó un señor:
―Oiga, don Pedro, ¿no cree que usted podría haber llegado a ser universalmente famoso de haberse dedicado a otro género teatral distinto del que cultiva?
Muñoz Seca adivinó lo que podría haber detrás de la pregunta y le contestó sin inmutarse:
―Acaso no le falte razón. Yo también lo he pensado muchas veces desde que llevo escribiendo teatro. Pero si cultivo este género es por una razón muy poderosa: Yo siempre he dicho y pensado que prefiero que el día de mañana mis nueve hijos se paseen en coche alrededor de todas las plazas del mundo, que no tengan que pasearse a pie y sin dinero alrededor de mi estatua.
El autor de La venganza de don Mendo, era propietario, fruto de los esfuerzos y fertilidad de su pluma, de una casa en Madrid que tenía arrendada. Tenía varias plantas y los vecinos le solicitaron que instalara un ascensor para comodidad de todos. Él se puso a estudiar el asunto e inició el proyecto. Comoquiera que en ese lapso de tiempo tuvo lugar el advenimiento de la República, uno de los vecinos colocó un cartelito en el portal del edificio dirigido al dueño, de conocida tendencia monárquica que rezaba: “Una, dos, tres, ¡Fuera el Rey!”. Al día siguiente podía leerse bajo la esquela lo siguiente: “Una, dos, tres y cuatro, ¡Hay ascensor para rato!”.
Fue Muñoz Seca autor de fertilísimo ingenio, de copiosa inventiva, de personalidad inconfundible hasta ser creador de una manera y un estilo que abriría la puerta posteriormente a los más jóvenes autores del teatro del absurdo como Jardiel Poncela y Mihura.
Al estallar la Guerra civil, fue detenido en Barcelona, donde se estrenaba La tonta del rizo, acusado de tener ideas monárquicas y trasladado a Madrid, a la recién creada Cárcel para hombres, número 2 ―establecida en el colegio de los Escolapios de san Antón. Un día les dijo a sus carceleros: “Me podéis quitar todo, la familia, la libertad, mis bienes. Pero, ¿sabéis lo que no podréis quitarme jamás? El miedo, este miedo horrible que tengo”.
El 28 de noviembre de 1936 fue sacado de la cárcel, como otros miles de prisioneros, y fusilado sin juicio alguno. Antes de ser ejecutado se dirigió a sus verdugos diciéndoles: “Me temo que ustedes no tienen intención de incluirme en su círculo de amistades”.
A Pedro Muñoz Seca le asesinó la barbarie. Porque la barbarie no sabe reírse. Ni entiende de cultura. Ni lee un solo libro. "Y odia tanto, que no tiene tiempo para pensar".

jueves, noviembre 27, 2008

Cuerpo de mujer

—¿Hay acaso algo más absorbente en este mundo que un cuerpo femenino? Algunos hombres prefieren aventurarse en regiones remotas e ignoradas de la Tierra para explorar desiertos pedregosos e inhóspitos, o florestas silentes, o cavernas abruptas. Para otros, el mayor misterio es un cuerpo de mujer. Cada centímetro, cada lunar, cada pliegue, cada brizna de piel.
—Eso podría interpretarse como un ejercicio de culto al cuerpo. ¿La mujer pensará de igual manera respecto al hombre? ¿Creen hombre y mujer del mismo modo?
—Claro. Toda relación sexual es un ejercicio de culto al cuerpo.
—¿No es como una ceremonia religiosa con su ritual propio y cuya culminación es un acto donde cada uno absorbe la sustancia del otro?

domingo, noviembre 16, 2008

Poéticas mentiras

Desoye tu corazón, actor, y prepárate. Vas a mentir. Tus mentiras guardan secretos sutiles de color y de forma, están manipuladas, metódicamente estudiadas. Lo has estado ensayando, recuerda, la práctica debe siempre preceder a la perfección. Las mentiras que de ti emanen vienen de otras mentiras creadas. ¿Qué interés tiene hablar de la dependienta de la panadería si no es para crear una mentira a su alrededor? ¿O del administrativo de la oficina si no es para inventarle una nueva vida absolutamente falsa?
La realidad de la vida nada tiene de mentira, sólo el artista, el creador, puede mentir de una manera irresponsablemente hermosa. La realidad es vulgar, la mentira es arte y placer. Como dijo Platón: "la poesía y la mentira son artes que no dejan de tener relaciones mutuas".
Recrea las mentiras, actor, que la Vida querrá entrar después en este círculo encantado.

viernes, noviembre 07, 2008

Supersticiones y trolas

Es bien sabido que el color amarillo está considerado de muy mal agüero en el ambiente teatral. Y abundan entre la gente del teatro las supersticiones: No se pueden dar vuelta a las sillas, ni sentarse a la mesa del apuntador, ni silbar, ni siquiera hacer calceta durante los ensayos.
Pero la más extendida es la de evitar el color amarillo en los decorados, en los vestidos, en los carteles, en los programas...
Esta superstición tiene su origen en que era amarilla la bata que vestía Molière el 17 de febrero de 1673, durante la cuarta representación de El enfermo imaginario, en la que el glorioso autor-actor halló la muerte.
Pero como hay tenaces y agudos investigadores que lo investigan todo y descubren muchas cosas, han descubierto hace años que la bata que vestía Molière el día de su muerte no era de color amarillo.

Jean Baptiste Poquelin, nombre real de Molière, se había caracterizado siempre por escribir sátiras contra los convencionalismos sociales y terminó siendo víctima de ellos pues, pese a que solicitó auxilio religioso antes de morir, le fue negado; dos sacerdotes rechazaron darle asistencia espiritual. El Ritual de París, promulgado en 1654, prohibía dar auxilio religioso a rameras, cómicos, usureros y brujos (Como si todos ellos tuvieran algo en común, ¿no?). A estas "gentes" les fue prohibido "recibir la comunión durante sus vidas y sepultura cristiana después de sus muertes".
Molière se quedó sin santos óleos y casi se queda sin tumba a no ser por la intervención del rey Luis XIV, mecenas y padrino de uno de los hijos del cómico, que consiguió que éste fuera enterrado en el cementerio parisino de San José, aunque de noche y sin pompa alguna. El argumento que el rey expuso al arzobispo de París para que el actor descansase en sagrado no tenía desperdicio: Le dijo que si los entierros cristianos se hacían a metro y medio de profundidad, autorizase a inhumar a Moliére un poco más abajo, porque allí la tierra sería menos sagrada.
Moliére fue trasladado en el siglo XIX al recién inaugurado cementerio de Père Lachaise, una de las necrópolis más bellas y selectas del mundo. Y si el visitante poco avisado cree que va a encontrar el famosísimo epitafio que todos quienes no han pisado el cementerio afirman con rotundidad que figura en su panteón, dará más vueltas que una peonza. La célebre frase "Aquí yace Molière, el rey de los actores. En estos momentos hace de muerto y de verdad que lo hace muy bien", no existe.
Y de una trola con superstición a otra trola sin ella, pues ya que hablamos de epitafios y cementerios, me viene a las mientes el curioso epitafio que dicen que hay escrito en la lápida de la tumba de Groucho Marx: "Perdone que no me levante". ¡Falso como la promesa de un concejal!
Las cenizas de Julius Henry Marx, Groucho, están depositadas en un columbario del cementerio Eden Memorial Park de Los Ángeles, donde sólo están grabados su nombre artístico, las fechas de nacimiento y defunción, y la estrella de David por su origen judío.

Si no existieran supersticiones en el teatro, ¿quién les quita ahora a todos los cómicos -y cómicas- que han pisado los escenarios durante estos trescientos treinta y cinco años que todas las desgracias que les han ocurrido no se han debido a pura casualidad, a malquerencias de los enemigos, a propia torpeza o escasez de méritos, sino al color amarillo?

lunes, noviembre 03, 2008

La fauna delictiva



(Heraldo de Aragón. 2-11-08. Pág.13)

viernes, octubre 17, 2008

Reescribiendo

A cualquier actor se le ha pasado por las mientes en algún momento reescribir el texto que le ha tocado en suerte. Y algunos lo hacen con cierta naturalidad. "Que el autor se ha muerto y no va a venir a quejarse", solía replicar un buen compañero (y, sin embargo, amigo) cuando le apuntábamos que había alterado alguna parte de su texto.
Los hay que, incluso, añaden "morcillas", esas frases de la propia cosecha e inventiva que ni están, ni han estado nunca en la mente del autor, pero que cómicos con cierto prestigio y muchas tablas las cuelan en sus textos para mayor lucimiento o comicidad.
En ocasiones se plantea el dilema de la fidelidad a los textos originales y casi nunca se llega a un acuerdo; todavía menos en un país como el nuestro en el que el individualismo está tan enraizado y el desconocimiento tan extendido. Todos nos creemos capaces de reescribir textos ajenos para adaptarlos a nuestro antojo o nuestro acento. Si reescribimos nuestra propia Historia en función de intereses personales (disfrazados de intereses políticos o sociales, de tal modo que la Memoria Histórica, ni tiene memoria, ni es histórica...), ¿cómo que no vamos a poder reescribir las palabras de un andoba que las puso en papel en el siglo XVII? Faltaría más.
Ya que los anteriores artículos hablaban del Don Juan Tenorio de Zorrilla, terminemos aquí la "trilogía", con una anécdota sobre la curiosa alteración de los textos.
En el acto del convento, la Abadesa de las calatravas de Sevilla pregunta al iracundo Comendador:
ABADESA.-                ¿Dónde vais, Comendador?

DON GONZALO.-
¡Imbécil, tras de mi honor
que os roban a vos de aquí!
responde el Comendador. Pero... a algunas actrices encargadas de interpretar el personaje de la Abadesa, no les hacía ninguna gracia que las llamaran "imbéciles", así de balde. Y, caramba, no parecía correcto tal epíteto en boca de un comendador y, además, dirigido a una monja. Se establecía el debate sobre si los comendadores podrían utilizar sin sonrojo un lenguaje tabernario o si la palabreja era uno de tantos ripios que tiene la obra. Ganó lo políticamente correcto y se hizo costumbre sustituir "imbécil" por "señora". Se respetaba la métrica del verso, la actriz Abadesa no era insultada y el Comendador quedaba como persona fina y educada.
Mas hete aquí que un actor importantísimo le dio por ser fiel al texto de la obra, se obstinó en no traicionar al glorioso Zorrilla y a la pregunta de la Abadesa, respondió:
DON GONZALO.- ¡Imbécil, tras de mi honor

que os roban a vos de aquí!

Pero en la segunda representación de la obra se llevó una desagradable sorpresa. La actriz Abadesa que, como todos los cómicos de la época, algo entendía de métrica poética, le preguntó:
ABADESA.-¿Dónde vais, Comendador

imbécil?


Y el Comendador se vio obligado a responder:
DON GONZALO.-     ¡Tras de mi honor

que os roban a vos de aquí!

sábado, septiembre 27, 2008

Más sordera

Pero, hablando de sorderas, dice el saber popular que no hay peor sordo que el que no quiere oír. Y en teatro no querer oír puede resultar muy malo, pero no querer hablar puede ser ya pavoroso. Porque, siguiendo con la primera escena del Tenorio, algo muy grave debió sucederle al actor que interpretaba el papel de Butarelli (posiblemente una diferencia económica con el empresario) que le indignó. Y urdió con paciencia su fría venganza.
Se levantó el telón y empezó la acción...
DON DIEGO.- ¿La hostería del Laurel?
BUTARELLI.- ¡En la acera de enfrente!

El "hostelero" cerró bruscamente la puerta y dio con ella en las narices a todo quisque, pues hubo de suspenderse la función en medio de un barullo escandaloso y colosal.
Sorderas, enmudecimientos y mala uva...

viernes, septiembre 05, 2008

Sordera

Muchas veces creo que estoy en un país de sordos. Demasiadas personas hablan sin escuchar lo que les dicen los demás, aferradas a sus palabras, inmersas en un inacabable soliloquio. No atienden las palabras de su interlocutor pensando en lo que van a decir ellas mismas. Realmente no es que no escuchen, sino que ni siquiera oyen otras palabras que no sean las propias.

Compruebo con desánimo que bastantes actores se suman a esta práctica voluntariamente sorderil. No escuchan la otra parte del diálogo porque están preocupados, exclusivamente, por su papel. En algún caso puede atribuirse a la inexperiencia e incluso al temor de interrumpir el texto del interlocutor (pisarle una frase a un actor vanidoso puede suponer que en el primer mutis el petulante se lance a masticarle la nuez al bisoño por privarle de un brillante final de frase con su impericia). Pero en demasiadas ocasiones se advierte una pobre arrogancia, como si el actor considerase que el único papel importante es el suyo. Aunque esto, sospecho que no se da sólo en el teatro.

Lo realmente divertido sobreviene cuando al actor no se le da el "pie" adecuado, entonces -para no quedarse como un pasmado- hay que echar mano del oficio.

Don Juan Tenorio comienza en la hostería del Laurel, en la que, durante las primeras siete breves escenas, don Juan escribe una carta, el hostelero y el criado Ciutti hablan de sus cosas, llega un embozado y después otro. Este segundo embozado que se llama don Diego, al entrar pregunta:

DON DIEGO: ¿La hostería del Laurel?

BUTARELLI: En ella estáis, caballero.

DON DIEGO: ¿Está en casa el hostelero?

BUTARELLI: Estáis hablando con él.

El embozado se acomoda, llegan después dos señoritos sevillanos. Y se desencadena la acción de la trama.

Pues bien. Sin que se sepa por qué, el actor que interpreta al hostelero Butarelli, cuando concluye su diálogo con el primer embozado, don Gonzalo, en vez de quedarse en escena limpiando y trajinando, como indica la acotación de la obra, hace mutis, se marcha. En ese momento entra en escena el segundo embozado, y pregunta:

DON DIEGO: ¿La hostería del Laurel?

Perplejo, advierte que en la hostería sólo se encuentra un embozado sentado a una mesa. No sabe qué hacer. Es imposible que el actor encargado del papel de Butarelli le responda por la sencilla razón de que no está. Breve y angustioso silencio. Pero surge la genial improvisación del primer embozado:

DON GONZALO: En ella estáis, caballero.

Ni está en casa el hostelero

ni estáis hablando con él
.

A veces, en el teatro y en la vida nos toca improvisar frente a la sordera.

miércoles, julio 30, 2008

Siempre se puede tener razón

Dos amigos, actores de profesión, salen de presenciar el fracasado estreno de una obra teatral en Madrid. Uno de los cómicos defiende al denostado autor y dice:

-El público se ha ensañado sin razón. Es un autor de talento.

-No digas tonterías -replica el compañero-. ¡Ni siquiera sabe escribir en castellano!

-¿Y eso qué importa? -arguye el defensor- ¡Tampoco Shakespeare escribía en castellano y era un gran autor!

miércoles, julio 23, 2008

Tus ojos *

Tus ojos nacieron del mar profundo,
como Venus, envueltos
en la espuma de la belleza intacta.
Tus ojos refulgieron al cruzarse
con los míos y me cegaron
en un destello de sentidos.
Hablan con lágrimas cada vez
que han de volverse
para perder los míos,
y aprietan los párpados
al sentir la caricia de mi cuerpo en el tuyo.
Investigan ávidos el momento
de mi llegada, y sonríen con la timidez
de quien ama por vez primera.
Tus ojos son la llama que aviva mi mirada,
la musa sonriente que mueve
mi mano sobre el papel en blanco.
Ellos ríen y sienten,
sienten y aman,
aman y viven,
viven en mi para que yo viva.

* Para Bárbara con amor

sábado, julio 19, 2008

Dos poemas

Gracias Silvia por tu hermoso regalo.

Valal ad-Din Muhammad Rumi (1207-1273)


Omar Jayyam (1048-1124)

lunes, julio 14, 2008

Cine y Literatura, un matrimonio ¿razonablemente avenido?

La literatura y el cine tienen un vínculo afectivo importantísimo, aunque entre ambos exista una diferencia de edad notable. Cada vez más, nos vemos sumergidos en el fenómeno "imagen", que arrastra consigo todo el bagaje que le ha proporcionado la cultura anterior. Antes de que una idea o sentimiento pudiera traducirse en imágenes fílmicas el hombre ejercitó ampliamente su imaginación a través de todas las artes. Arquitectura, pintura, escultura, música y, sobre todo, literatura iban a realizar descubrimientos de enorme utilidad para la expresión cinematográfica, aunque supusieran en muchas ocasiones motivo de estorbo y encarcelamiento para élla.

El cine, pues, tiene una deuda permanente con la literatura ya que acude a sus fuentes para adaptar a su medio novelas, narraciones y obras teatrales. Claro que de una obra literaria bella no siempre se sigue una versión cinematográfica convincente, y los fracasos padecidos en muchas adaptaciones fílmicas inducen a pensar que resulta más fácil hacer buen cine partiendo de una buena idea, que a partir de una narración literaria o una composición escénica. Aunque tampoco hemos de caer en el extremo contrario y afirmar el supuesto postulado de que el contenido determina la expresión de manera definitiva e invariable, pues de toda novela no sale siempre una mala pelícu­la; hay auténticos éxitos de adaptación. Incluso de auténticos ladrillos literarios se ha conseguido elaborar una aceptable película.

El cine ha hecho populares unos textos y los ha llevado a un mayor número de personas. Hoy en día el hábito de leer no está muy extendido y el tiempo es un bien escaso, por lo que una película nos facilita en un plazo aproximado de dos horas engullir una historia que nos duraría leer dos semanas, siempre según la rapidez de lectura y el tiempo libre de cada cual. Una entrada de cine viene a costar alrededor de cuatro ó cinco euros y es poco común el libro que baje de los diez. Cuestión de economía; menos tiempo, menos dinero.

Y, respecto a la penuria del hábito de lectura, me viene a la memoria aquel chico que tan apenas leía un libro y quiso impresionar a una chica que sí devoraba libros y, además, le gustaba comentarlos con sus amistades. Pues bien, en un intento desesperado por hacerse agradable a sus ojos y con un esfuerzo considerable que casi le cuesta una enfermedad, se metió entre pecho y espalda "Ana Kareni­na" con el fin de barnizarse un poquito de cultura y poder deslumbrarla comentándolo con ella. Cuando alguien le comentó que sobre el drama de Tolstoi se habían hecho tres adaptaciones cinematográficas (una interpretada por Greta Garbo y otra por Vivian Leigh) no pudo por menos que exclamar: "¡Si llego a saber que estaba la película...!"

Pero es muy diferente la sensación y el sentimiento que nos producen una novela y su adaptación fílmica. En la novela se cede un amplio margen a la imaginación del lector. Cuando de niños leíamos una novela de Salgari nos creábamos la forma de los barcos, el contorno de las islas, el color del horizonte. La novela nos describe situaciones, circunstancias, paisajes y personajes; nos define caracteres mientras que el cine nos los presenta existentes. Al leer, nosotros imaginamos, ponemos rostro al personaje, pintamos colores al paisaje; el cine nos lo da todo hecho, ofrece el rostro, nos enseña el paisaje y, después de haber visto la película, el rostro de John Silver que habíamos forjado en nuestra mente mientras leíamos "La isla del tesoro" se habrá transformado, para siempre, en el de Wallace Beery; nada nos apeará de esa materialización, aunque intuyamos que aquel rostro pudiera tener otras facciones. Yo sé que para B., el Tom Booker de la novela de Nick Evans "The horse whisperer" será Robert Redford por los siglos de los siglos.

Así es el mundo mágico del cine, nos diseña una reali­dad que vemos con los ojos y que antes habíamos imaginado en nuestra mente leyendo una novela. Se produce entre ambos, cine y literatura, ese matrimonio razonablemente avenido en el que ambos contendientes tienen que recurrir al mutuo respeto para convivir sin enfrentamientos, aceptando el hecho de que cada obra es buena o se hace grande por sí misma, y que en el momento que es altera­da se convierte en otra, ni mejor, ni peor sino diferente.

¿Hay, amable lector que llegaste de visita, alguna adaptación literaria llevada el cine que te haya gustado especialmente? El abajo firmante, como es un raro, se siente atraído por la versión de "El tercer hombre", de Graham Greene, dirigida por Carol Reed en 1949.

viernes, julio 04, 2008

Dueño



Son tuyos, actor. Los espectadores van a llegar hasta ti y van a regalarte su tiempo y su espacio para que los llenes de palabras, gestos, miradas, risas y llantos. Por tu cuerpo fluirá una música plena de sentimientos, cada una de tus fibras, cada uno de tus músculos, se confabularán en un misterio que les quitará su espacio y su tiempo para dártelos a ti. Solamente unos minutos para ti. Y les devolverás la capacidad de soñar, de vivir otra vida, de enhebrar otras frases que harán propias aun siendo ajenas.
Luego, pasado ese breve momento, se irán con lo que les hayas dejado en su imaginación. Y, más tarde, sólo serás una brizna de su recuerdo. Entonces volveréis a estar solos tu corazón y el mar.

martes, julio 01, 2008

El aire que te rodea

¿En qué estrella te ocultas invencible? ¿En qué playas te has tendido? ¿Qué acentos de tu voz has escogido?
Te imagino. ¡No! Te sueño circundada de mar y tierra, bebiendo de la tibia fuente que mana luz melodiosa.
Cantar quisiera una canción como un beso que borrase tu tristeza, y sentir cómo ríen tus ojos al rozar mis labios con tu beso.
Y que esos dos besos se perdieran, soñando, en sus dos infinitos.

martes, junio 24, 2008

Desayuno con miradas

Estaba a punto de desayunar, de hecho comenzaba a mojar la galleta en el café con leche, cuando la he visto apoyada en el quicio de la puerta. Muy lentamente se ha sentado a la mesa, junto a mí. Quizá deseaba que viese su vestido nuevo, hecho de olvido, o, simplemente, estar cerca de mi. Sus ojos no me hablaban como en otras ocasiones, ni su sonrisa se derramaba sobre mis manos. Frágil y triste se conformaba con verme desayunar lentamente, mojando cada galleta, con su lengua recorriendo sus labios dulcemente, sin la voluptuosidad de otros momentos. Empecé a entenderla. Me chantajeaba infamemente con su actitud; un chantaje afectivo directo y sin ambages. Sonreí un breve instante, el que tardó en posar en mi sus ojos acerados y acariciar con delectación el filo de un cuchillo cebollero. No me atraganté con la última galleta porque estoy acostumbrado a sus escenas de celos y a sus arrebatos chantajistas. Esbocé una sonrisa entre displicente y compasiva y le prometí que hoy mismo volvería con ella. Por la tarde cumplí mi promesa y la encontré dispuesta a ser impregnada por la tinta sobre el papel en blanco. Le supliqué perdón por haberla abandonado una vez más y ella volvió a comportarse como el personaje agradecido que es. El resto de personajes la odian porque saben que es mi preferida aunque comprenden a su pesar que sin ella no habría escrito.
Hay quien dice que los personajes son eternos. Espero que a este se le haya olvidado su eternidad.

lunes, junio 16, 2008

Humos

Mijaíl Mijáilovich Bakhtin, filósofo y semiólogo ruso, durante la invasión alemana en la Segunda Guerra Mundial se fumó la única copia de uno de sus manuscritos, un estudio sobre literatura alemana que le había llevado años escribir. Una por una, cogió las páginas del manuscrito y utilizó el papel para liar sus cigarrillos, fumándose cada día un poco más del libro hasta que no quedó nada.

martes, mayo 20, 2008

De la bohemia

El cómico Luis Manzano, que cumplió varias temporadas de éxito en el Teatro Apolo allá por los años veinte, se encuentra actuando en Málaga con un sueldo exiguo. Y apenas tiene para lo más preciso.
Ante esta delicada situación económica, reunido consigo mismo en junta general, decide por unanimidad no abonar un céntimo a la patrona en cuya casa se hospeda. Un día la patrona que, aunque sea la excepción, era una infeliz, pregunta muy intrigada a uno de sus huéspedes:
-¿Sabe usted lo que quiere decir "bohemio"?
-Naturalmente. ¿Por qué me lo pregunta usted?
-Porque el señor Manzano me ha dicho que él no paga porque es "bohemio".

domingo, mayo 18, 2008

Eros dormido



-Mira. Ahí abajo van a sentarse los espectadores para que les hables, para que les mires sin verlos. Han dejado sus casas para venir a vernos. Han abandonado durante unas horas muebles y objetos que llevan impregnado el olor de una vida para que les distraigamos con una mentira.

-¿Acaso no puede ser igualmente una mentira que se llame trabajo, deber, ambición, amor, familia?

-Claro que sí. Por eso mismo vienen a participar en una mentira que saben que lo es.

-Nuestro trabajo, nuestra propia mentira.

-Eros tiene mucha fuerza.

-¿Eros?

-No me refiero a la sensualidad, que sólo es una manifestación de Eros. Es la creación, la corriente profunda y embriagadora que impregna a una persona cuando se encuentra con Eros. La labor creadora, las artes, la convivencia, todo está saturado de Eros. Y donde él no se manifiesta, la gente se vuelve sorda e inerte.

-El objetivo es la perfección. Y a ella hay que subordinarlo todo, todas las experiencias, incluso la vida.

-Sí. Vas a descubrir el horror de ser actor, de ser artista. Y estarás obligado a estar consciente de lo que eres siempre. El gran momento del artista está precedido por miles de momentos grises. Y cuando llega ese momento, debe permanecer lúcido y sereno. El artista se acostumbra a vivir durante su vida en perpetuo concubinato con el arte.

-Es difícil de soportar tanta pasión.

-O dejar que Eros duerma.

jueves, mayo 15, 2008

Vanidoso

Caminaba esta misma mañana, conectado a mi iPod tranquilamente, cuando advertí que las personas con las que me cruzaba me miraban. Me miraban de un modo raro. Repasé discretamente mi atuendo, y todo aparentaba estar cerrado y en orden. No me sentía excepcionalmente atractivo como para ser objeto de tanto miramiento. Sonreí vanidoso. Quizá me estaban confundiendo con George Clooney. ¡Quita, quita! Si yo soy mucho más guapo que ese Clooney, dónde va a parar. Vanidoso. Así caminé por toda la avenida hasta que hube de detenerme en un paso de peatones. Henchido y vanidoso. Al momento sentí una presencia a mi lado, un bulto cercano a mi estatura. Displicentemente miré de reojo sintiendo en mi las miradas de dos chicas que esperaban enfrente a que se abriese el semáforo. Amplié el reojo y vi un travestí a mi lado. Alto, tetudo, de larga melena, piel de color favela y rostro sin afeitar. La vanidad se hizo añicos, mientras yo cruzaba el paso de peatones a buena velocidad y sin recibir ya mirada alguna de nadie. Advertiré a "alguno" que intente sugerir la pregunta de "a quién miraba el travestí", que no me miraba a mi, seguro. Caminé aprisa y huérfano de vanidad el resto de mi trayecto, sin que nadie se fijara en mi. Menos mal que me encontré con mi amiga Mariví que me saludó con un "Buenos días, guapoo", que restañó mi malherida vanidad. Qué absurdamente vanidosos somos los cómicos.

martes, mayo 13, 2008

Martes 13 de mayo



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Pedro Muñoz Seca. La venganza de Don Mendo. Jornada Segunda (fragmento)

martes, abril 29, 2008

Antes de salir a escena

Actor, aprende a ser humilde, profundamente humilde. No sabes nada sobre los hombres, ni tampoco sobre las fuerzas que los mueven y animan a vivir o morir. No sabes nada sobre el amor; en tu trabajo manejas palabras aprendidas y simples ideas preconcebidas. La realidad es mucho más sorprendente, la fuerza de su imaginación es mucho más rica y mágica que cualquier situación humana que el hombre pueda concebir dentro de los límites de su propia imaginación.
Sé humilde, actor. Vas a engañar a unas personas que quieren que les engañes. La vida real, es otra cosa.

jueves, abril 24, 2008

La papeleta


En mis tiempos universitarios se nos entregaban las calificaciones en una papeleta por cada asignatura. Una papeleta rectangular de un palmo de tamaño con nombre, apellidos y asignatura en el anverso y la calificación en el reverso. Aprobado, Notable o Sobresaliente (porque las Matrículas de Honor se negociaban, o eso decían). Se trataba de un documento meramente informativo -la calificación definitiva figuraba en las actas firmadas por catedráticos y profesores- y se solían dejar amontonadas en algunas mesas de los vestíbulos de las Facultades. Creo que conservo alguna por ahí, pero ahora me da una flojera tremenda buscarla y escanearla.

El alumno recogió su papeleta de Derecho Internacional y vio con extrañeza que le habían calificado como "Aprobado P. C.". Preguntó a los compañeros que estaban por allí, pero ninguno supo decirle qué significaba aquello de "P. C.". Se decidió a preguntarle a Ambrosio, el bedel, un hombre de edad indefinida pero superviviente, al menos, de setenta cosechas de Cariñena. Y se decidió a preguntarle porque eran las 11:45 y a las doce en punto Ambrosio dejaba de conocer al mundo tras sus continuas idas al bar de la Facultad.
Le enseñó la papeleta, el bedel se encogió de hombros y dijo:

-No sé. Será "pasar por cátedra", ¿o qué?

Claro, pasar por cátedra. Seguramente para sugerir algún ejercicio complementario al examen con objeto de subir nota. Claro, eso era.

Llamó a la puerta del despacho del Profesor titular de la asignatura, le saludó, mostró la papeleta y dijo:

-Que como dice aquí "pasar por cátedra", pues éso, que aquí estoy.

El profesor se ajustó los lentes, miró alternativamente la papeleta y al alumno -con idéntico desprecio por una y por otro- y masculló con sorna:

-Pasar por cátedra... pasar por cátedra... ¡Aprobao Por Caridad! Que hizo usted un examen que daba pampurrias. Y, hale, vaya a tomar el sol o a poner un cirio a la Virgen, que tengo que terminar las actas para irme de vacaciones.

Y cerró la puerta mientras el alumno procuraba cerrar los ojos que se le habían quedado abiertos como platos.

miércoles, abril 23, 2008

Amor


Dos corazones

Un camino

sábado, abril 19, 2008

Noche a dos sentimientos

Deja en mi pecho el fruto de tu mirada,
deja en mis labios las lágrimas de tus ojos,
que la noche calla para escuchar lo que hablamos,
y fulgirán sus ojos que dirán lo que han visto.

lunes, abril 14, 2008

El constructor de recuerdos


Cuando reunía a sus amigos se afanaba en remover historias del pasado con una sagacidad casi imperceptible. Creaba un clima confianzudo, lo cargaba de relativa intimidad hasta que las lenguas se sentían descaradas y comenzaban a soltarse recordando situaciones pretéritas que casi todos habían vivido conjuntamente. A partir de ahí, manejaba el escalpelo de la credulidad y procedía metódicamente a cambiar poco a poco la historia a su conveniencia. Registraba cada variación en su cabeza y las guardaba para la siguiente reunión. Entonces volvía a la carga, pero ya era él quien -con el recuerdo convenientemente modificado- contaba la historia. Sus amigos se marchaban no con su recuerdo propio y auténtico, sino con el que él les había relatado. Había construido sus nuevos recuerdos del pasado.

domingo, abril 06, 2008

Palabras

POLONIO-What do you read, my Lord?
HAMLET-Words, words, words.

W. Shakespeare. Hamlet. Acto segundo, escena VII (fragmento).

miércoles, abril 02, 2008

Los seis entierros de Calderón de la Barca

Don Pedro Calderón de la Barca tuvo una mocedad agitada. Malfurrió la herencia de su padre, se metía en reyertas por un quítame allá esas pajas, desenvainaba el acero con harta reiteración. Y profanó un convento de clausura.
Esto último sucedió en el Madrid de 1629, cuando en el mentidero de Representantes de la calle del León se organizó una agarrada entre gentes del teatro que acabó en pendencia. Un actor, Pedro Riquelme, desenvainó la espada e hirió a un hermano de Calderón de la Barca y éste se fue a por él. El actor puso pies en polvorosa y, en su huida, se escondió en el convento de las Trinitarias, donde estaba enterrado Cervantes y guardaba entonces clausura la hija de Lope de Vega. Don Pedro y sus amigos no se pararon en barras y asaltaron el convento, revolviendo todo, registrando celdas y -hay quien dice- que levantando el velo a las monjitas para comprobar que no estaba Riquelme disfrazado de sor.
El actor escapó indemne, pero el autor de La vida es sueño terminó detenido. Lope de Vega le escribió una airada carta en la que le ponía a caldo por haber profanado la clausura de su hija y pisoteado el sepulcro de Cervantes.
Y quizá el espíritu de don Miguel tuviera algo que ver -que en estos menesteres de ultratumba nunca se sabe- en los avatares que sufrió el cadáver de Calderón cuando decidió dejar este mundo y fue enterrado en la iglesia de San Salvador. Allí descansó durante ciento sesenta años hasta que le exhumaron porque el templo iba a ser derruido. Lo trasladaron a la capilla de la Archicofradía Sacramental de San Nicolás con todos los honores, mientras los cómicos de la época salieron al paso del cortejo para rendir homenaje a quien recitaban tan a menudo.
Disfrutó don Pedro de veintiocho años plácidos hasta que decidieron llevarle a lo que iba a ser el nunca concluso Panteón de hombres ilustres en san Francisco el Grande. Y sus huesos quedaron amontonados durante cinco años junto a otros insignes hasta que los devolvieron a sus lugares de origen. Así que de vuelta a san Nicolás, en un traslado que inauguró el viaducto de Madrid, en su cuarto entierro. Seis años de sosiego hasta que lo trasladaron al templo de la calle de la Torrecilla del Leal.
Cuando se cerró esta parroquia, y a la espera de la construcción de una nueva en la carrera de san Bernardo, se trasladaron los restos en 1902 a una capilla del antiguo Hospital de la Princesa. El nuevo templo de la calle de san Bernardo estuvo listo unos años después y allá que fueron los huesecillos del escritor con la esperanza de descansar en paz de una vez. Pero el advenimiento de la República vino a truncar el reposo, pues el templo fue incendiado durante la quema de iglesias y los restos se supone que acabaron chamuscados.
Se dio por desaparecido a Calderón porque la urna con sus restos no apareció. Pero... Al parecer, un grupo de previsores frailes ocultaron los restos para que los republicanos no la emprendieran con ellos. Lo emparedaron. Así lo confesó un anciano sacerdote al historiador Francisco Azorín, aunque lo que no le dijo fue dónde lo escondieron porque nadie lo recordaba.
Dijo el ilustre periodista zaragozano Mariano de Cavia que no hay en España profesión más intranquila, insegura e incómoda que la de difunto ilustre.

jueves, marzo 27, 2008

Borrador

La muchacha se sentó en un rincón mirando como tantas veces, todos los días, la reja de cristal que la circundaba. Imaginaba que todo lo vivido no era más que un borrador, algo que podría ser transformado en cualquier momento.
Sus ojos escrutaban el pasado imaginando la forma de mudarlo, convirtiéndolo en un pasado nuevo, una vida nueva ya vivida.
A través de la reja de cristal veía qué habría pasado si hubiese tomado una decisión diferente a la que tomó, si hubiese hecho el gesto que no hizo. Veía los borradores de su pasado.
Pensó vivir de nuevo lo que había vivido, ¿pero, como un borrador de su vida?
La reja de cristal estaba a punto de quebrarse.

sábado, marzo 22, 2008

Primavera

Dejemos que la Primavera nos bese en los labios

jueves, marzo 20, 2008

Don Guido

Gran pagano,
se hizo hermano
de una santa cofradía;
y el Jueves Santo salía,
llevando un cirio en la mano
—¡aquel trueno!—,
vestido de nazareno.

Antonio Machado. Llanto de las virtudes y coplas por la muerte de don Guido (fragmento).

jueves, marzo 13, 2008

Una conferencia

A don Jacinto Benavente le pidieron que diera una conferencia para el Club Femenino de Damas.
-¿Y de quién se compondrá el auditorio? -preguntó el premio Nobel.
-De las socias del club: muchachas que estudian, escritoras, señoritas que quieren vivir una vida independiente...
Respondió don Jacinto:
-Muchas gracias, pero tengo poco tiempo para prepararme, y no quiero hablar a tontas y a locas.

lunes, marzo 10, 2008

¿Qué es poesía?

La semana pasada, en una de nuestras habituales tertulias, hablábamos de poesía. Turulato dijo que no sabía escribir poesía, pero Currinche y el que suscribe le refutamos de inmediato, lógicamente. Argüía nuestro amigo que no escribía versos rimados. Puede ser. Pero él regala poesía en sus escritos. En su más reciente artículo la ha esparcido con rotundidad, como en todos los demás.
Cuando cae en nuestras manos un libro de poemas, mientras paseamos la mirada por entre los versos, nuestra imaginación y nuestra memoria comienzan a aletear iniciando un vuelo que quiere llevarnos a momentos pasados o a situaciones soñadas. La poesía tiene, de este modo, la posibili­dad impagable de engarzar sentimientos y sensaciones de las que somos -o hemos sido- protagonistas reales u oníricos, identifi­carnos con hechos o personajes y, en fin, hacernos vibrar, estremecer y vivir. El bueno de mi amigo Antonio me confiaba una noche tras una representación que no podía pasar un día entero sin haber leído aunque fuera un pellizco de poesía porque -de no hacerlo- sentiría que le faltaba algo profundo y vital para él.
Pero la poesía no late exclusivamente entre los versos de un libro de poemas. En cualquier párrafo de una novela, en un diálogo teatral, en una secuencia cinematográ­fica, en la fotogra­fía de un periódico, en la pincelada de un cuadro, o en el paisaje más conocido y cotidiano, puede esconderse la poesía. ¿Cuántas veces no habremos escuchado una melodía, o una canción, que nos transportan a ese mundo de ensueño que encubre a la poesía? Poesía que huye de palabras grandilocuentes y gestos solem­nes. Poesía de las cosas más pequeñas, ésas que habitualmen­te pasan desapercibi­das a nuestros sentidos precisamente por fami­liares. Cuando el desencanto y el hastío nos han conducido a ese camino que nos deja desprovistos de la capacidad de sorpresa, tantas y tantas sensaciones se vuelven invisibles a nuestros ojos... Y entonces advertimos que nosotros nos hemos vuelto insensi­bles a las sensaciones y a los sentimientos.
¿Qué es poesía? La mirada de Bárbara, las palabras de Turulato, el guiño cómplice de Kalía, la risa de Currinche y la letra de la canción compuesta por Emilio.
¿Qué es poesía? Quizá sea mirar con el sentimiento más profundo las sensaciones acurrucadas en los corazones que son capaces de abrir los ojos a aquellas pequeñas cosas que nos rodean casi impercep­tiblemente y que son las que hacen brotar la vida.

jueves, marzo 06, 2008

En-Sueño

Pienso que estoy en tu pensamiento, que piensas que te pienso. Y pienso si pudiera abrazarte la espalda, perderme en tus dedos, escalar el claustro de tu pecho, besarte el espíritu, mecerme en tu pelo, navegar en tus ojos, anidar en tu cintura...
Pensamiento... Pensamiento. Duerme en mi.