Son tuyos, actor. Los espectadores van a llegar hasta ti y van a regalarte su tiempo y su espacio para que los llenes de palabras, gestos, miradas, risas y llantos. Por tu cuerpo fluirá una música plena de sentimientos, cada una de tus fibras, cada uno de tus músculos, se confabularán en un misterio que les quitará su espacio y su tiempo para dártelos a ti. Solamente unos minutos para ti. Y les devolverás la capacidad de soñar, de vivir otra vida, de enhebrar otras frases que harán propias aun siendo ajenas.
Luego, pasado ese breve momento, se irán con lo que les hayas dejado en su imaginación. Y, más tarde, sólo serás una brizna de su recuerdo. Entonces volveréis a estar solos tu corazón y el mar.
