miércoles, marzo 29, 2006

Guiño a las estrellas

Amarraste amorosa tu corazón al mío
con las olas de todo lo que iba a ser mañana.
Contestaste a las preguntas estrelladas del cielo
con el sueño tangible de sentirte en mi noche.
Ahora que estás en las estrellas yo querría
decirte tantas cosas con el apremio
que infunde la avaricia de ganarle minutos
a un tiempo que perdió su magia.
Cada noche hago un guiño a las estrellas
para que tu me respondas con un beso de luz.

domingo, marzo 26, 2006

El mar en la cara

Me llevaron los vientos a tu entorno, y de él me alejaron cuando nació el alba.
Te llevaron los vientos ¿fueron los mismos? y te alejaron de mi convirtiéndote en tormenta.
Las lágrimas llenaron de sal mis mejillas, las llenaron de surcos de esperanza huida. Desde entonces tengo el mar en la cara por lo mucho que he llorado.

martes, febrero 21, 2006

Vuelo

Se acerca tu presencia viajera
visitando la mirada.
Me remueve tu voz y el fruto
de mi voz se crece al viento.
No temas, mi pequeña,
no se nublen tus ojos,
que voy a andar ligero
enredado a tus pies.
Espérame en la sombra,
al final de los árboles.
Extenderé las alas
y volaré hacia ti.
Penetraré lo oscuro,
reclamaré del bosque
la quietud de tus labios
y ya no habrá enemigos
pendientes de tus pasos.
Duerme.
Mi corazón empieza a deslizarse
por la suave ladera de tu pelo.

lunes, febrero 20, 2006

Alba fuerte

La tierra te sube y, ciega,
va ensalzando la verdad de tu cuerpo,
tallando va tu sombra,
tu sombra amarga, tu sombra por el suelo.
En andas de la noche te miro.
Brotas. Y el aire inmóvil, ceñido de tus miembros
es ya el bloque divino que soñó una mirada
de azul infancia hermosa. Ya el espacio, crujiendo,
viene a cristal y luce.


Lloras acaso, lloras. Tan lento el sol camina
que es ya sólo una flor asomando en los cerros,
y la luz ha brotado muda sobre el sol mismo,
hecha un alba fortísima por mi mundo aterrado.
Luce ya. Todo un dolor sin tregua, turbiamente clamado,
toda una loca rabia rebotando a los cielos.


Pero amanece, duramente amanece.
La recia mano fúlgida va los rayos prendiendo,
por las umbrías olas tu estás amaneciendo,
ya calla con su pena la voz de los ocasos
y su pena desgarra el hombre por el cieno,
ya los brazos tendidos a la aurora sin mancha
crecen, tocan el borde puro del universo.


Miradla por las cumbres... Amada, amante, un hielo
evidente y total se llega hasta tus ojos,
en nuestra frente amaga, tunde por nuestros cuerpos,
nos aplasta, nos vence. Como un volcán hermoso
sobre la tierra oscura estás amaneciendo.
Y yo estoy solo.

sábado, febrero 11, 2006

Palabras esquivas



Se escapan entre el papel, entre mis dedos cansados, entre mi desgastada memoria. Son las palabras que nunca dije, las palabras que quise decir, las palabras que se llevó el viento. Las palabras que nunca te diré.
Palabras con urgencia de beso, palabras con aroma de sueños, palabras con colores de rayo de luz.
Esquivas palabras esquivas.

jueves, febrero 02, 2006

Alba amargo

Un rincón de tu cuarto
guarda un espejo oscuro
que reflejaba sueños
y adivinó paisajes.
Miré allí de soslayo
buscando la mirada
encendida que encendió
mi mirada perdida.
Mas sólo vi la niebla
que reflejó el espejo,
el vacío insondable
de colores perdidos.
Quise ganar la magia
de aquel cristal eterno
donde hallar la figura
tangible de tu beso,
de nuestro amanecer
entre nuestros dos sueños,
amante dulce, lejana
de mi cercano gozo,
de paisaje de niebla
y encarnados anhelos.
Desde aquel día oscuro
oscurecí el espejo
para velar tu imagen
mil veces repetida.
Y me venció el silencio.

lunes, enero 23, 2006

Leyenda de la leona

Cuentan que sucedió en un colegio de curas hace muchos años. Dicho colegio tenía un museo de historia natural de considerable valor, sobre todo entomológico, pues contaba con ejemplares de insectos raros y casi únicos. Todo ello gracias a las aportaciones del padre Longinos Navás -entomólogo famoso del primer cuarto del siglo veinte- que al marchar a misiones por los lugares más recónditos del mundo, además de evangelizar a los indígenas, tenía a bien recoger todo bicho viviente y enviarlo al colegio como material de estudio (convenientemente disecado). Urgía encargos a sus hermanos de orden para que hicieran lo mismo, y así se consiguió tan importante acervo museístico. Los taxidermistas debieron forrarse.En un largo pasillo, tras unas enormes cristaleras, se apiñaban de forma abigarrada tortugas, anacondas, pájaros de todas las especies, desde nobles águilas a humildes gorriones, zorros, hurones y cantidades ingentes de cajitas con insectos. Bueno, en algún caso lo de "cajita" es un eufemismo, pues había moscardas del tamaño de un Seat 600, y arañas como baúles. Pues a pesar de contar con tal vastedad entomológica, la verdadera estrella del museo del colegio era una leona. Una simpática leona de abiertas y terroríficas fauces que conservaba intacto entre los ojos el orificio del disparo que terminó con su vida. Los alumnos más pequeños del colegio, llegaban -como si de una aventura se tratase- hasta la segunda planta del edificio del colegio (un edificio con más de cien años en sus cimientos, de techos altísimos, largos corredores, amplias escalinatas y un sinfín de recovecos) para ver a "la leona". Pues bien, y ahora llega la leyenda, una mañana, cuando todos los alumnos de todos los cursos estaban en sus aulas correspondientes, se escucharon unos tremendos y angustiosos gritos. Provenían de los baños de 3º de Bachillerato y los profería el señor Gómez (alias "el mol") profesor de química. Las fuerzas vivas (es decir, los curas y demás profesores, amén de los chavales cotillas y escurridizos que se metían en todas partes) se personaron inmediatamente en el lugar de los gritos y descubrieron al señor Gómez (a) "el mol", con la bragueta abierta y señalando horrorizado a la leona del museo que le miraba amenazadora junto a un urinario. Excuso decir que la rechifla fue colosal. Los curas iniciaron sus averiguaciones para esclarecer el hecho de que la leona fuese sacada del museo con tan gamberriles propósitos como fueron acoquinar al señor Gómez (a) "el mol" cuando el hombre sufrió un apretón urinario a los que era proclive. Las pesquisas no obtuvieron recompensa, pues nunca se supo qué, quién, o quiénes, habían sido los culpables, por lo que comenzó a extenderse la leyenda de que la leona salía de paseo alguna que otra vez. Hoy día, el museo Longinos Navás puede visitarse (con su leona del disparo entre los ojos, incluída) en el edificio del Paraninfo de la Universidad, en una plaza muy céntrica de Zaragoza, a escasos metros de donde estaba el colegio, ya derruído y cuyo espacio ocupa ahora un enorme edificio de una entidad bancaria.Hoy día, puesto que la tropelía ha prescrito, me declaro públicamente culpable del traslado de la leona del museo hasta los aseos de 3º de Bachillerato junto a otros dos compañeros. Los tres, alumnos entonces de 3º, no tuvimos intención de asustar al señor Gómez (a) "el mol", sino al primero que llegara (aunque como el mol era un poco cabroncete, que se fastidie) porque, os aseguro que llegar meándote al baño y toparte con una leona que te mira con las fauces abiertas, acojona un montón.

miércoles, enero 18, 2006

Madrugada herida

Me llamaste con voz atardecida,
se dobló tu sonrisa como una flor pálida,
estaban las palabras perdidas en el aire
del amanecer quebrado en camino sin retorno.
Quedó en piedras escrito
el nombre de tu ausencia,
irrumpiendo, voraz como un incendio,
en la noche mineral y lúcida
donde los moradores de la nada
queman su óxido de sombras
para arder en inútiles empeños.

lunes, enero 16, 2006

Caligrafía fugaz

Que no me bese el aire, sólo el aire, el aire que me envuelve y me reclama, que libera mi vuelo y que lo apresa.
Que me escriban tu beso, tus manos, tu mirada. Que desgarren tus letras mi piel, que me quemen tus verbos. Brasas heridas. Pretéritos imperfectos.

viernes, enero 06, 2006

Alba sin alba


Eres una noche angosta y te da miedo tu propia oscuridad. No huyas. Acostúmbrate a ella y descubrirás despacio, con dolor, poco a poco, que hay débiles rayos de luz. Redescubrirás pequeñas y múltiples estrellas que parpadean sorprendidas ante tu prolongada ausencia, ante tu lejana partida y chispean de alegría con tu regreso, con tu reencuentro.

Y cada cierto tiempo irá aumentando el resplandor, vislumbrarás más todas las cosas oscuras y tenebrosas que te hacían tropezar y caer, irá creciendo una luz blanca en la noche de tu mente y cíclicamente se llenará todo con una gran luna llena.

Será como un despertar.

Partirá. Se volverá a ir. Pero eso no significa el fin, es sólo una despedida. El inicio de un nuevo reencuentro.

Estarás otra vez en la penumbra... pero tus ojos ya sabrán de las estrellas.

martes, enero 03, 2006

Alba derribado

El alba de tu vida
se fue quedando oscuramente mudo,
nada luz ni cristal.
Soledad creciente, desmesurada y ciega.
Todo nada.
La conciencia profunda, sin imágenes,
del más profundo sueño,
en la ausencia deviene visible,
en cada brecha de la existencia.
El abismo de la nada atravesado.

viernes, diciembre 30, 2005

Acordes

He robado los acordes de una guitarra para que me resuene en el alma la caricia de tu voz, el brillo de tus ojos, la espuma de tus manos y el deseo de tu piel. Para que el sonido de tu música me guíe entre la noche hasta tus labios con señales de besos, y alejarme del frío con tu piel por abrigo. Para que me tengas tan cerca como tú sólo sabes, y escribir el mundo a través de tus dedos.

miércoles, diciembre 28, 2005

Alborada negra

¿Qué piedras, qué murallas
quieres batir en mí?
Estás ahí, azorada en el aire, sacudes
como dudosos diedros de penumbra,
alas de pardo luto
urgentes, implacables al cerco.
No me sirven mis manos, ni mis pies,
que afincaban la tierra,
que arredraban el aire.
No me sirven mis ojos,
que aprisionaron la hermosura,
no me sirven mis pensamientos,
que coronaron mundos a la caza de Dios.
Estoy aquí, hoy, inválido ante ti,
inerme ante tus fauces sedientas de vida,
grandiosa criatura nacida en tinieblas,
que tejes el ondulante paño de la angustia,
que me ahoga en impotente espera
ante tu inmensa voluntad de sombra,
obstinada en robar el tierno punto vivo,
mi pobre espacio cósmico,
el eco de mi ser,
de una razón humana que se extingue.

lunes, diciembre 26, 2005

Mar en llamas

De los cielos dormidos,
en mi noche ignorada,
me despertó el mar
que cumple su tarea profunda.
Un resplandor me ciega.
El lento mar inmenso,
el hondo mar eterno arde en espumas rojas.
El mar me está mirando a punto de ser mar,
a punto de ser tuyo.
Mi cuerpo se vuelve antorcha
envuelto por las olas
de tu mar incendiado.
Toda mi piel tiembla
como la llama de una candela.
A orillas del amor,
del mar,
de la mañana.

martes, diciembre 20, 2005

La última revelación

Martín Eden se mata dejándose caer al mar desde el ojo de buey de un transatlántico, siente cómo el agua le penetra en los pulmones, entiende en el último vislumbre de lucidez algo, quizá el sentido de la vida, pero "en cuanto lo supo, dejó de saberlo".¿Será real y absolutamente preciso pretender la última revelación si en cuanto uno la tiene se abisma en la oscuridad?

sábado, diciembre 17, 2005

Alba de ansias

¿Por dónde me vendrá el amanecer?
Sólo sé que vendrá.
Que, cautelosa, la noche anima el vuelo
de sus oscuras aves.
He abierto mi ventana,
buscado la señal de las estrellas
en la curva del río, en el espacio,
y en mi ser.
No está quieta la noche,
y está quieta la vida;
primavera de augurios, fluye mansa
hacia el alba, sin astros,
como una sombra más...
La vida se ha rendido
a la amargura seca de la espera
que expande por la tierra
una fragancia viva,
y clama por la aurora deseada.
¿Por dónde me vendrá el amanecer?
El ansia rumorosa que se agita
en mis pulsos calientes
y rocía la noche de un latido estelar,
del breve viento que apaga los sentidos.
¿Por dónde me vendrá el amanecer?
Sólo sé que vendrá.
No sé en qué nave,
de qué sol, ni qué cielo
hacia mis brazos, leves de alcanzarle,
tendidos -¿a qué punto?-
en la abierta ventana de mis ojos.

miércoles, diciembre 14, 2005

Leyenda del centinela



Hace bastantes años, cuando los cuarteles militares aún estaban en el centro de las ciudades, los soldados que hacían guardia a sus puertas rivalizaban con los obreros en piropear a las señoras y señoritas que pasaran por delante de ellos.
Me contaron como cierto que uno de estos centinelas, al pasar ante la puerta principal del cuartel una agraciada joven le dirigió la siguiente expresión: "Ábrete de piernas, negra, que te voy a meter el plátano". La joven quedó estupefacta ante aquella frase, pero su estupefacción dejó paso a un enfado monumental. No fue lo malo para el soldadico que la joven reaccionara airadamente, sino que fuese la hija del coronel del acuartelamiento. En su iracundia, la señorita acudió con el chivatazo a su señor padre, quien reaccionó todavía más coléricamente que su hija, puso bajo arresto al soldado y le quiso llevar ante un consejo de guerra.
Por suerte para el lenguaraz centinela, el fiscal togado encargado de instruir la causa, no vio motivo suficiente para formarle un consejo de guerra y la cosa quedó en quince días de calabozo, según decían los considerandos de la sentencia "por lenguaje soez y tabernario, impropio de un soldado del Ejército español, otrosí que la expresión "Ábrete de piernas, negra, que te voy a meter el plátano", es inadecuada e inexacta, ya que no es preciso adoptar la referida postura para ingerir el susodicho fruto". (sic)

jueves, diciembre 08, 2005

Leyenda del examinando

Me contaron como cierto que M. era un estudiante de Derecho relativamente aplicado pero al que se le había atragantado la asignatura de Derecho Procesal de 4º curso. Y tamaño debió ser el atragantamiento toda vez que era la única asignatura que le quedaba pendiente para terminar la carrera. Comprobado que en la Facultad de Derecho de su ciudad no sería capaz de aprobar, decidió matricularse en la Facultad de otra ciudad con fama de "coladero". Y allí que se encaminó M. un buen día, con la asignatura más o menos dominada. Como pertenecía a familia de posibles, se alojó en un hotel céntrico y, tras asearse y deshacer el equipaje, salió a darse una vuelta. Al regresar a media tarde y dispuesto a repasar los temas para el examen del día siguiente, comprobó que su hotel colindaba con el Casino Principal de la ciudad y decidió entrar a tomar un café. Había señores de mediana y avanzada edad distribuídos por las mesas y butacones, jugando a las cartas, leyendo o charlando. M. disolvía parsimoniosamente el azucarillo en el café cuando uno de aquellos señores se dirigió a él invitándole a jugar al tute puesto que un habitual había enfermado y se encontraban compuestos y sin jugador. M. pensó que aquello le serviría de distracción y allá que se lanzó a la vorágine del tute. Lo estaban pasando fenomenalmente bien, así que cuando M. dijo que se debía marchar, sus compañeros de timba protestaron e iniciaron toda una suerte de halagos para que continuara. M. agradecía aquella muestra de afecto, pero les explicó que había viajado para examinarse de la última asignatura de su carrera, y el examen era la mañana siguiente y él debía repasar. Le preguntaron de qué se examinaba y contestó que de Derecho procesal. Ante su estupor, los tres jugadores comenzaron a reír ruidosamente y a darle palmadas en el hombro. Las risas continuaron hasta que uno de ellos le dijo, ya más serio, que él era el catedrático de Procesal.
- ¿Usted es don R. G. O.? -preguntó estupefacto M.
- Claro, hijo mío. De ahí nuestra hilaridad. Mire, amigo mío, dígame cuál es el tema que mejor lleva usted para el examen de mañana.
- Pues... las medidas cautelares lo llevo muy bien.
- Ya está. Usted se queda jugando con nosotros.
- ¿Cómo?- Está muy claro. Cuando mañana le toque su turno para el examen y saque la bola con el tema a desarrollar, sea cual sea la bola, usted expone "las medidas cautelares". Como yo estoy sobre aviso, le examino del tema que usted lleva mejor.
- Pero, ¿seguro?
- Desde luego que sí.
- No se le vaya a olvidar y mañana haga yo un ridículo espantoso.
- Descuide, ¿cómo se me iba a olvidar?
Y de ese modo, continuaron la partida hasta altas horas de la noche, en medio de risas, bromas, una apetecible cena bien servida y mejor regada.
A la mañana siguiente, M. se encaminó con cierta resaca combatida por abundantes dosis de cafeína hacia la facultad de Derecho. Entró en el aula donde los alumnos se examinaban oralmente y en centro de la mesa del tribunal, descubrió a don R. G. O. muy serio y con menos síntomas de resaca que él mismo.
Al llegar su turno, M. extrajo la bolita que rezaba: "Tema 26. Recursos y reposiciones", sonrió al catedrático, que ignoró su sonrisa, y comenzó a desarrollar "las medidas cautelares". El catedrático le interrumpió.
- Su tema es el 26. Y Usted me está desarrollando el 18.
M. sonrió cómplice, se disculpó y volvió a la carga con el tema 18.
- Perdone usted, pero me sigue desarrollando el tema 18.
M. empezó a ponerse nervioso.
- Disculpe señor G. O., pero en mi temario el tema 26 es "Medidas cautelares".
- ¿Pues en qué temario ha estudiado usted?
- ¡¡ En el de Heraclio Fournier!!
El catedrático le miró sorprendido y vio al joven que había compartido su timba la noche anterior. Esbozó una leve sonrisa.
- Ah, entonces va usted muy bien.
Y así resultó cómo el examinando obtuvo un sobresaliente en la última asignatura de su carrera.

miércoles, diciembre 07, 2005

Provisionalidad


Este país nuestro es tan provisional... "Desvío provisional", "alférez provisional", "instalación provisional". Me pregunto si será debido a esa sempiterna inclinación que tenemos por dejar las cosas a medio hacer, o porque nos asusta lo definitivo, aquello que se convertirá en inmutable una vez terminado. Quizá lo que sucede es que soy yo quien está a medio hacer y pienso de este modo. Pero, ahora, doy en recordar a la mujer que, siendo niña, dibujaba con trazos muy, muy finos porque no le agradaba lo definitivo y así le quedaba una oportunidad de borrarlo. ¿Seguirá haciéndolo? Es una curiosidad provisional la mía.

miércoles, noviembre 30, 2005

Leyenda del corredor

Uno no sabe muy a ciencia cierta a qué se le puede atribuir exactamente el calificativo de leyenda urbana (hay un artículo que lo explica exhaustivamente), pero voy a relatar un sucedido que -cierto o mítico- tiene gracia.
Cuando aún existían los gobiernos civiles en las capitales de provincia (parece la prehistoria, o lo es...) un gobernador civil envió a un propio a un pueblecito de la provincia para intentar atemperar los ánimos de los vecinos, que andaban un tanto soliviantados, contra una ordenanza dictada para el pueblo por dicho gobernador en un asunto de riegos. Era de imaginar la mala leche que gastaba el pueblo hacia el jerarca, razón de peso para que éste no acudiera personalmente y enviara un emisario. Pues bien, el propio llegó al pueblo, le recibieron a cantazos y se dedicaron a perseguirle hasta que pudo refugiarse en el cuartelillo de la Benemérita donde puso una denuncia contra los energúmenos en uno de cuyos párrafos decía: "A la voz de, "vamos a endiñarle", empezaron a encorrerme, cagándose además en la puta madre de su Excelencia y en la de quien ésto suscribe, que lo puede suscribir porque corrió más que ellos".