sábado, diciembre 01, 2007

Apasionamiento y pasión

Hablábamos ayer en nuestra habitual tertulia, Kalía, Currintzi, Turulato y un servidor sobre el apasionamiento entre las personas (además de sobre otras cuestiones, irreproducibles por supuesto). Y creo que todos coincidimos en que nos entusiasma que la otra parte nos apasione. Lo que nos enamora es la pasión.
El actor tiene que apasionarse con el personaje que interpreta para poder, así, apasionar al público. La pasión que nace de la entraña, de su entraña, y brota como un torrente hacia el patio de butacas para hacer sentir la palabra a quienes escuchan, y ven. La interpretación tendría que ver con esa deuda humana que existe entre el arte, el talento y la dignidad. Hay palabras que perdieron su significación original tras una adulteración vana y gratuita. Palabras que nos llevan a conformarnos con casi nada. ¡Si en nosotros se halla el todo más absoluto!
Apasiónate, actor, en algo tan difícil como hermoso: Sentir en el alma el personaje que nos habita.

5 comentarios:

MABANA dijo...

La pasión que se siente al leerte es maravillosa, y mas es cuando se te tiene al lado y se puede leer esta en tus ojos...

Y mira que no menciono cuando recitas algo...esa pasión es la que...y la que....y mas que....

Que tu pasión por vivir nunca se acabe...para que la puedas transmitir...

besos cariñoso tat

Cobre dijo...

Yo sq no entiendo la vida sin pasión ni apasionamiento!.
Le pongo pasión a todo lo q hago, sino no lo hago, y me apasionan muchas muchas cosas, aunq por ahora menos de las q me gustarían ;).
Y estoy de acuerdo con Mabana, pasión la q transmites al recitar, y la q tienes, q nunca se acabe y q la sigas contagiando.

Besazos, Chafarderillo!

Armida Leticia dijo...

Hola, yo me encuentro en el lado materialista de la vida, sin embargo me gusta leer a los que se manifiestan ya sea en verso o en prosa poética como tú los disfruto mucho. Cuando era una jovencita escribí versos y algunas canciones, incluso pertenecí a un grupo musical cuando estaba en el Polítecnico. El teatro nunca lo he experimentado, pero mi hijo menor, si; el tuvo la oportunidad de actuar en dos musicales cuando iba en la "prepa", y realmente se entregaba con pasión al escenario, así como lo expresas tan bellamente.l

Turulato dijo...

Como te he dicho -creo que antes de impartir mi clase de hoy-, no te comento.
Has tocado un asunto tan esencial que te prometo escribir un artículo e ir más allá del teatro.
O no. Quizá me quede en el teatro de la vida.

Kalia dijo...

Verdaderamente el tema es complicado y ha dado mucho que hablar desde tiempos bien remotos. Pasión, para bien o para mal, es lo que nos hace sentir vivos. Es lo que nos lleva a amar, pero también a odiar. Es lo que nos invita a actuar. Aunque pasión, pathos, de algún modo es padecer. Padecer, pasivamente, pues la pasión es algo descontrolado, que no se puede domeñar, como un caballo desbocado.

El teatro, como al fín y al cabo arte que imita la vida, debe de hablar de pasiones, y debe hacernos padecer las pasiones de los personajes. Para eso sirve en realidad el teatro (o el cine en nuestros días).

Algunos, que se creyeron sabios, pensaron que la felicidad consiste en ser capaces de vivir desapasionadamente, sin inmutarnos, sin ser movidos por pasión alguna. Pudiera ser, pero yo no quiero esa clase de felicidad, una felicidad gris oscura, de cementerio. Si tuviera que elegir, creo que preferiría sufrir.

Ahora bien, las personas que sólo son capaces de actuar siguiendo el dictado de sus pasiones, son difíciles. Pensemos, por ejemplo, en el colérico, que no es capaz de reprimir su estado de ánimo. Al fin y al cabo una pasión cuando nos inunda, nos hace perder el control y nos obliga a actuar incluso en contra de nosotros mismos. Al fin y al cabo una pasión no es sino un sentimiento desmedido.

Me gusta la gente apasionada. Creo que todos mis amigos son gente apasionada. Otra cosa es que hayan aprendido a guardar sus sentimientos a veces en rincones tan profundos, bajo mil llaves, que luego arrojaron lejos, que ellos mismos creen que han perdido el camino para encontrarlos. Pero sólo los apasionados pueden sentir de verdad, para bien o para mal.

¡Ah!, y he conocido gente verdaderamente apasionada por la física o las matemáticas.