jueves, enero 31, 2008

Miedo


El niño se movía inquieto en medio del bullicio de las bambalinas. Iba a hacer de pastorcillo en El rabo del Diablo, adaptación de una pieza navideña de Alejandro Casona titulada A Belén, pastores. A pesar de ser niño tenía "frase": "¡Mirad, pastores! ¡La estrella!". No era el monólogo de Segismundo pero a él le parecía muy importante. Entre bastidores repetía aquellas cuatro palabras en su mente con la persistencia de una remachadora, temiendo que se le olvidaran. ¿Pero cómo se le iban a olvidar cuatro palabrejas? Mirad-pastores-la-estrella... Es prácticamente imposible olvidarlas. Los personajes adultos iban y venían de los camerinos, más preocupados por el vestuario que por el texto y, en medio de aquel tráfago, tres niños (uno de ellos con derecho a frase en la obra) vestidos con unas zamarras de piel de borrego sin mangas y tocados con gorritos espantables, permanecían en el silencio nada propio de un niño. Estaban nerviosos y tenían miedo. El niño no sabía qué temían los otros dos, pero él temía olvidarse de su frase. No era miedo a salir a escena, ni al público, ni a los "compañeros" del elenco, ni siquiera a que se cayera una tramoya del decorado sobre sus cabezas. Sólo un invisible y terco miedo a no saber cumplir con su obligación, que en aquel momento era decir a los pastores que había una estrella.
Hace unos días comentaba con mi amigo Turu la recurrente pesadilla que nos situaba dentro de los muros venerables y centenarios del colegio, en clase de matemáticas a punto de ser preguntados por el profesor. Niños asustados ante la posibilidad de ser pillados en renuncio ante unas preguntas cuyas respuestas, obviamente, ignorábamos. Y Turu, con su proverbial socarronería, decía: "Con lo fácil que hubiera resultado ir con la lección aprendida, nos obstinamos en ir a clase a pasar miedo".
Se define al miedo como una emoción. Biológicamente el miedo construye un mecanismo de supervivencia y de defensa que permite al individuo responder ante situaciones adversas con rapidez y eficacia. Así leído hasta se puede llegar a desear tener miedo, pues se responderá con eficacia y rapidez, pero... ¡qué mal se pasa, caramba!

Y el actor tiene miedo antes de salir a escena, es un explorador del vacío que se extiende más allá de la batería, donde los focos ciegan y no permiten ver a quién se enfrenta. No. Se enfrenta a sí mismo, a su propio vacío, a su propia indefinición. La palabra es su única aliada y su memoria el recurso.
La vida, a diferencia del teatro, no tiene libreto escrito, y hay que rastrear -con miedo- el abismo que se desconoce. No sirven los recuerdos, y la experiencia se lleva cargada a la espalda. Hay que indagar qué hay fuera de aquí, más allá de nuestros límites. Y tenemos miedo.

-¿Adónde cabalgas, señor?
-No lo sé; fuera de aquí. Siempre fuera de aquí, sólo así podré llegar a mi meta.
(Franz Kafka. La partida).

Y tenemos miedo.

7 comentarios:

Turulato dijo...

¡Logrado!.Ahora falta que colaboremos tus lectores... ¿O será que tenemos miedo a opinar?.
Como bien dices, pasé miedo durante años en cuanta clase asistí. En algunos momentos mucho, mucho. Lo resolvía haciendo novenas...
Pasé miedo montando a caballo. En la pista y en el picadero, no. Cuando en campo abierto bajaba un cortado o durante algún raíd, cuando pasaba un camión cerca. Lo resolvía prometiendo ser bueno. Aunque dicen las malas lenguas que más miedo pasó mi caballo con el animal que llevaba encima -que ya se sabe que jinete y caballo se distinguen gracias a la mirada inteligente del segundo-.. El pobre, un precioso tordo rodao en vino, se suicidó..
Pasé miedo, o mejor una extrema tensión sudorosa con el corazón a toa pastilla, en las carreras durante mi época de corredor de rallies. No lo resolví nunca; disfrutaba como un tocinico en el barro.
Pasé miedo, un miedo que te cagas por la pat'abajo, descendiendo por ciertas pendientes heladas o pegado a la roca de una pared pensando que saltarían las "pitonisas". Lo resolvía gritando a mi compañero de cordada: ¡¡Tensaaaa mamóoooon !! (la cuerda, se sobrentiende).
Pasé miedo volando en montaña con viento fuerte, en el que mantienes los controles y dejas que aquello suba y baje y gire y .. Aún recuerdo un transporte en que un esquiador salió gritando del chisme que yo pilotaba: ¡¡Estoy vivo, estoy vivo!!, mientras corría como un poseso alejándose.. Alguno de sus compañeros no corrió; estaba quietecico en su asiento. Se había cagado... El menda tardó varias horas en ser capaz de escribir correctamente; el temblor de mis manos lo impedía. Aquel día, intentando salir del Roncal, recé mucho, mucho..
Pasé miedo una madrugada cerca de Larrabezua. Antes, en un cruce próximo, volaron el autobús de mi Regimiento. 4 muertos. Iba solo. Salí por pies. Lo resolví contando estrellas del cielo, sentado en el suelo, sorbiendo mocos..

Y para no mentir.. He pasado mucho, mucho, mucho miedo delante de las mujeres que han alterado mi vida. Eso si, antes de que sonriesen...

Turulato dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
MABANA dijo...

Vaya con el comentario tan padrísimo que te pone Turulato...es el conocerlo mas y massss!!

Sobre lo que tu pones...solo atino a decirte..."tan grandote y tan chillón".. aclaro que lo de chillón es en mexicano chillón = llorón digo para que no se preste a malas interpretaciones....haaa

Quien te viera con tan tremendo porte, y tan potente voz!!...usted con miedo??

Ya en serio...mi querido y nunca bien ponderado Oshidori, creo que todos en un momento dado hemos tenido miedo...miedo a quedarnos solos cuando ves que la muerte anda rondando cerca y no puedes hacer nada...
MIEDO...a conocer a alguien que presumes es maravilloso...
MIEDO...a pensar que no cubrirás las espectativas que tienen de ti!!...hahaha aqui miento con todos los dientes...xq ese si nunca he sentido...haaa
MIEDO....a que cuando se te vuela una llanta yendo a mas de 140 en curva y en bajada, y traes a tus seres queridos y vas conduciendo...es el miedo de la responsabilidad de no actuar bien en el momento...
MIEDO....a que no te entiendan cuando entendieron mal...y puedes perderlo...
MIEDO....a que mi tinte o corte de pelo no me guste...hahaha

Bueno en realidad, concluyendo...el miedo es de todos y el chiste es aceptarlo y saberlo manejar a favor de uno...pero sobre todo, que cuando el miedo es tal y prometes, pues ni modo, a cumplir lo prometido...que me ha pasado infinidad de veces!!

Dominar al miedo, gran reto, pero se puede...claro que se puede y cuando pasa, uno se rie del mismo miedo...

besos tat

Armida Leticia dijo...

¿Habrá alguien en el mundo, que no tenga miedo de alguien o de algo?. ¡Yo creo que no!

Silvia dijo...

Si pienso en cuando he sentido más miedo, quizás lo primero que me venga a la mente es cuando me apuntaron con una pistola en la cabeza. Pero esa no es la situación que más miedo he sentido. Eso sólo fue algo puntual.
Hay otro miedo, más profundo, que me acompaña todos los días. En ocasiones me paraliza y me impide actuar, pero la mayoría de las vences, convivo con él y vamos avanzando, aprendiendo.
Eso sí, cuando se pone muy, muy pesado, he descubierto que la risa, hace que me deje un poco en paz.
Besos

Cobre dijo...

Miedo, de ese q te persigue y del q no puedes desprenderte. Ese q te despierta en mitad de la noche como una punzada con el corazón y el estómago hechos un nudo, ese q es tu más fiel compañero... Soy una experta, una experta en acojonarse.

Muchas veces sabemos cual es la "solución" para no tener miedo, pero nos da miedo ir a por ella. ¿A q suena gilipollas?, pues es bien cierto.

Las clases de mates no me las recuerdes hombrepordios, q había conseguido enterrar esos recuerdos tan traumáticos!! ;)

Besazos, Chafarderillo!

Kalía dijo...

Interesante tema e interesante artículo. El miedo, me parece, es una pulsión elemental, algo que compartimos con los animales y que está pegado a nuestro más primario instinto de supervivencia. El miedo verdadero es uno solo: es el miedo a la muerte. Pero los humanos somos retorcidos y retorcemos el miedo: el peor miedo no es ya por nosotros, es por aquellos a los que amamos.

Aparte de eso, creo que se puede decir que nos gusta el miedo. Es una sensación poderosa, un golpe de adrenalina que hace que la sangre circule a más velocidad, una sensación inmediata de vida. Por eso, cuando uno es joven y le sobra la vida gusta de experiencias fuertes, gusta vivir al límite. Cuando nos vamos haciendo mayores, sin embargo, se va apoderando a veces de nosotros la sombra de la muerte. Y el miedo se hace sordo, y a algunos se les abruma el alma de tal modo que ya su vida no es sino un paisaje gris en un invierno abandonado.