lunes, febrero 16, 2009

Después

En mis manos se ha agitado un personaje desnudo y lo he procurado vestir de alma. ¿Mi alma propia o la que he creado para este personaje? No, no soy yo. Me puse mis máscaras ideales para engañar al público, para cautivarlo, conmoverlo. Me he desprendido de mi mismo para ser otro. He intentado que la palabra fuese la voz del amor, de los huesos y de la sangre. Palabra que teje la vida: Pasión, soledad, dulzura, muerte... Aunque, al final, cuando haya descendido el telón, todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia.
Vuelvo a ser yo. Un hombre, simplemente.

6 comentarios:

Turulato dijo...

¿Escena?, ¿vida?. Cada vez me cuesta más saber de cual de ellas hablas y menos sentirme como tú

Silvia dijo...

No, no se perderán en el tiempo.
Algún espectador, como en la vida, recordará al hombre que se ponía máscaras, con el que compartió su tiempo.

Penélope dijo...

Las máscaras que nos ponemos son también parte de nosotros. Llevar una máscara de forma convicente, es útil, necesario y no siempre fácil.
¿Por qué mostrar a todo el mundo cómo somos realmente? ¿Acaso merecen saber tanto de nosotros???
(Cosa que he aprendido tarde. Bueno, nunca es tarde).

Un abrazo.

Penélope dijo...

Las máscaras que nos ponemos son también parte de nosotros. Llevar una máscara de forma convicente, es útil, necesario y no siempre fácil.
¿Por qué mostrar a todo el mundo cómo somos realmente? ¿Acaso merecen saber tanto de nosotros???
(Cosa que he aprendido tarde. Bueno, nunca es tarde).

Un abrazo.

Penélope dijo...

Me repetí.

Suele pasarme.

Besicos...

Anónimo dijo...

Ojalá yo pudiera llevar esa máscara con tanto donaire,desgraciadamente mi rostro es un libro abierto ,demasiadas veces..Curri.