sábado, marzo 21, 2009

Cuestión de centímetros


Es mediodía del sábado ante la puerta de la iglesia del Carmen. Hay una boda y los invitados se agolpan alrededor de la pareja de novios recién casados. La novia es guapa, porque todas las novias siempre están guapas, y el novio tiene cara de pájaro embobado aunque resulta aceptablemente apuesto.
Un poquito más lejos del grupo de invitados, sentados en las escaleras de la iglesia, se desparraman al sol unos cuantos menesterosos que esperan la hora de acceder al comedor que los carmelitas tienen en los bajos de la parroquia, donde sirven casi trescientas comidas calientes diarias a transeúntes, pobres y necesitados.
Los invitados a la boda visten ad hoc, de boda. Trajes oscuros ellos y vestidos largos y vaporosos ellas. A bastantes se les nota incómodos por la falta de costumbre de vestir traje y corbata. Evitan mirar a los indigentes y casi conforman un círculo defensivo como solían hacer los vaqueros en las películas del oeste cuando les iban a atacar los comanches.
Los menesterosos parecen sentirse a gusto en la ropa usada que les han dado en la misma parroquia o en algún ropero. Miran a los invitados de forma distraída, como si contemplasen un espectáculo callejero que pasa diariamente. Casi todos tienen la derrota pintada en la cara, sin importar las diferencias de edad y de origen geográfico que hay entre ellos.
Invitados e indigentes pertenecen a dos mundos lejanos, pero en ese momento están muy cerca. Apenas unos centímetros separan el oropel de la miseria.

5 comentarios:

lola dijo...

En mi país, suelen darse este tipo de contrastes entre los acaudalados y adinerados miembros de la élite social y los pobres de las "ciudades perdidas o cinturones de miseria , por ejemplo en colonias que estan solo divididas por una alta pared; de un lado los pobres y del otro los hombres y mujeres mas ricos de México. La desigualdad en todo su apogeo.

Saludos.

MABANA dijo...

Se puede decir que es la vida misma, tal cual...

¿Pero te has puesto a pensar quienes serán mas felices?,...acaso aquellos menesterosos conformistas que esperan su ración diaria de comida.... o aquellos que portan trajes o vestidos incómodos, que no tienen costumbre de llevar, x aparentar algo que no son??

Quienes son mas miserables, pregúntome yo!!

tammmmmf

Turulato dijo...

Sacas a la luz algo que he sentido muchas veces: la irrealidad de buena parte del día a día, que no pasa de ser un espectáculo mediocre.
Desearía que no hubiese miseria; también desearía muchas otras cosas que considero buenas, pero cada día tiendo más a creer que a la gente nos pueden complejos, manías y frustraciones. Y contra eso, no hay nada que hacer.

La escena que describes ocurre habitualmente. Los menesterosos me parecen de carne y hueso. Pero esas mujeres esperpénticas, cuyos pies callosos desbordan unos horrorosos zapatos de moda, que apenas las sostienen y que soltarán con un bramido en cuanto puedan, vestidas con algo que consideran elegante y no es más que el alarido que brota de confundir dinero con finura, van acompañadas por unos fulanos que, si jóvenes, parecen haberse disfrazado con trajes y colores de dibujo animado y si más mayores, demuestran que nunca usaron corbata y traje, pues la primera está a punto de asfixiarlos y el segundo les obligará a mearse encima, ya que son incapaces de descubrir como se quita uno todo aquello. ¡Ah!; los zapatos de ellos, como los de ellas: el binomio pie y sudor les desborda.

Kalia dijo...

Cierto. El espectáculo de las bodas da para mucho, pues casi siempre el mal gusto se desborda. Contrasta con la elegancia natural que exhibe algún mendigo de los que frecuentan la zona.

Pero la realidad es que los que se adornan para la boda no son grandes ricachos, sino gentes que se congregan persiguiendo una ilusión. Y el mendigo que duerme a diario en un banco cercano incluso los días que la temperatura está varios grados bajo cero ... no me parece para nada feliz. Pero así es nuestro mundo y no es tan difícil que los de la boda cualquier día puedan estar al otro lado. Es una cuestión de suerte.

Bonita crónica.

Penélope dijo...

Como la vida misma...Bueno: la vida misma.
Me ha encantado tu retrato. Sinceramente, de lo más bonito que he leído en tu blog.
Me gusta todo lo que escribes, y las anécdotas que cuentas, pero cuando escribes algo que tú mismo has observado, o sentido...es la leche.

Un besico.