viernes, noviembre 07, 2008

Supersticiones y trolas

Es bien sabido que el color amarillo está considerado de muy mal agüero en el ambiente teatral. Y abundan entre la gente del teatro las supersticiones: No se pueden dar vuelta a las sillas, ni sentarse a la mesa del apuntador, ni silbar, ni siquiera hacer calceta durante los ensayos.
Pero la más extendida es la de evitar el color amarillo en los decorados, en los vestidos, en los carteles, en los programas...
Esta superstición tiene su origen en que era amarilla la bata que vestía Molière el 17 de febrero de 1673, durante la cuarta representación de El enfermo imaginario, en la que el glorioso autor-actor halló la muerte.
Pero como hay tenaces y agudos investigadores que lo investigan todo y descubren muchas cosas, han descubierto hace años que la bata que vestía Molière el día de su muerte no era de color amarillo.

Jean Baptiste Poquelin, nombre real de Molière, se había caracterizado siempre por escribir sátiras contra los convencionalismos sociales y terminó siendo víctima de ellos pues, pese a que solicitó auxilio religioso antes de morir, le fue negado; dos sacerdotes rechazaron darle asistencia espiritual. El Ritual de París, promulgado en 1654, prohibía dar auxilio religioso a rameras, cómicos, usureros y brujos (Como si todos ellos tuvieran algo en común, ¿no?). A estas "gentes" les fue prohibido "recibir la comunión durante sus vidas y sepultura cristiana después de sus muertes".
Molière se quedó sin santos óleos y casi se queda sin tumba a no ser por la intervención del rey Luis XIV, mecenas y padrino de uno de los hijos del cómico, que consiguió que éste fuera enterrado en el cementerio parisino de San José, aunque de noche y sin pompa alguna. El argumento que el rey expuso al arzobispo de París para que el actor descansase en sagrado no tenía desperdicio: Le dijo que si los entierros cristianos se hacían a metro y medio de profundidad, autorizase a inhumar a Moliére un poco más abajo, porque allí la tierra sería menos sagrada.
Moliére fue trasladado en el siglo XIX al recién inaugurado cementerio de Père Lachaise, una de las necrópolis más bellas y selectas del mundo. Y si el visitante poco avisado cree que va a encontrar el famosísimo epitafio que todos quienes no han pisado el cementerio afirman con rotundidad que figura en su panteón, dará más vueltas que una peonza. La célebre frase "Aquí yace Molière, el rey de los actores. En estos momentos hace de muerto y de verdad que lo hace muy bien", no existe.
Y de una trola con superstición a otra trola sin ella, pues ya que hablamos de epitafios y cementerios, me viene a las mientes el curioso epitafio que dicen que hay escrito en la lápida de la tumba de Groucho Marx: "Perdone que no me levante". ¡Falso como la promesa de un concejal!
Las cenizas de Julius Henry Marx, Groucho, están depositadas en un columbario del cementerio Eden Memorial Park de Los Ángeles, donde sólo están grabados su nombre artístico, las fechas de nacimiento y defunción, y la estrella de David por su origen judío.

Si no existieran supersticiones en el teatro, ¿quién les quita ahora a todos los cómicos -y cómicas- que han pisado los escenarios durante estos trescientos treinta y cinco años que todas las desgracias que les han ocurrido no se han debido a pura casualidad, a malquerencias de los enemigos, a propia torpeza o escasez de méritos, sino al color amarillo?

8 comentarios:

Tha dijo...

Me has debido leer el pensamiento, justo el miércoles andábamos en la Coral hablando del tema. Igual nos ponemos unos detalles en amarillo y cuando hablamos de la superstición se me olvidó quién era el que había fallecido en escena. Esta noche les cuento que nada... que si quieren amarillo, adelante con él. Una lástima que no hayan puesto los epitafios, por lo menos seguirían despertando la risa aún después de muertos.
Besosss

lola dijo...

Muy interesante lo que nos platicas y los mitos que surgen de personajes tan maravillosos.

Saludos.

Kalía dijo...

Lo que importa de las leyendas en realidad no es que cuenten cosas verdaderas o falsas, sino que nos las creamos. Es entonces cuando adquieren su fuerza. Y funcionan, claro. ¿Quien en su sano juicio iba a salir al escenario vestido de amarillo? Pura lógica.

Penélope dijo...

Debo decir que estoy en desacuerdo con mi admirado (sí, síii) Antonio Gala cuando a la pregunta de: ¿"Por qué es usted tan supersticioso"? él responde con esa contundencia que suele desarmarme: "Porque no me cuesta ningún esfuerzo".

¿Ahhh nooo?

Ir cargado todo el día de amuletos, con el miedo a las espaldas,con la inseguridad galopante si no los llevas encima, con la limitación a vestirse de amarillo en un escenario si a uno le sale de las narices, con la sensación de culpa por haber transgredido alguna de las leyes de la superstición si algo sale mal, es un trabajo cansadíiisimo y agotador, pero que algunas personas necesitan para contener sus propios miedos y carencias, para posicionarse en algún lugar donde reconocerse, y para sentirse seguros. Pasa lo mismo con las religiones.

Y es lo que tiene la libertad: que resulta muy arriesgado hacer uso de ella. Y generalmente, acojona.

Anónimo dijo...

Sospecho que las supersticiones en realidad no dejan de ser manías ,que no agrada reconocer, son la necesidad absurda de tenerlo todo controlado ,pero en el fondo no perjudican a nadie y

sirven para dar seguridad .
Bss.Mer.

Armida Leticia dijo...

¿Y quién inventa esos mitos?, son interesantes, no cabe duda.

Saludos desde México.

La Gata Coqueta dijo...

Muy curioso lo el color amarillo, era mentira o ... nunca existio

Aun artista de teatro tratarlo como un ateo... impensable

La tan comentada cita de Groucho... enisistente, no lo sabia y yo la use aun esta mañana para mi uso personal.


Cada día, no te acostaras sin saber una cosa más.

Muchos besos y un abrazo, con el calor de un aplauso... que es el mejor.

Perséfone dijo...

Oye, de verdad que me ha parecido una entrada realmente interesante y con la que he aprendido más de una cosilla esta noche. No tenía ni idea de dónde venía la superstición y resulta que recién lo averiuo, tengo que descartarla jaja.

Por cierto, espeluznante lo de prohibir auxilio religioso a estas personas...

Un abrazo.