martes, febrero 27, 2007

Celos artísticos


Los cómicos son demasiado proclives a sentir celos de sus compañeros. ¿Por vanidad? ¿Por maldad? ¿Por ignorancia? Quizá por todas las razones -y no necesariamente separadas. No hay peor digestión para un cómico vanidoso que el éxito de otro cómico: No importa que sus características se ajusten a un canon diferente de personaje, el éxito ajeno es irritante y debería estar prohibido.
Madame Sarah Bernhardt detestaba el éxito ajeno, y en su caso no era por celos, ni maldad, pues ninguna actriz logró igualar su gloria mientras ella vivió, sino por una especie de imperialismo subconsciente que le hacía insoportable que en su presencia se hablase de otra actriz. Su pesadilla era Julie Bartet, que la había sucedido en la Comèdie Française.

- ¿Tiene éxito?
- Oh, señora -respondía un imprudente- , más de mil personas la esperaban a la salida.
- ¿Para qué? -preguntó fríamente Sarah- ¿Para matarla?

2 comentarios:

Juana Banana dijo...

bueno, lo bueno de madame Sarah, es que matizaba los celos con su buen humor.

yo soy celosa y no hay buen humor que aguante...y te diré qu no me veo nada cómica en mis celocías.


un gran beso y abrazo volador!

Turulato dijo...

Supongo que la pregunta con que acabas el artículo define el llamado humor inglés.
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